Emilio Pantojas García

Tribuna Invitada

Por Emilio Pantojas García
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Las contradicciones de la Junta

Al fin se materializó la Junta. La pregunta es si será la de cuentos de hada, que todo lo resolverá, o la de cuentos de dragones que todo lo arrasará. La primera vez que oí hablar de una Junta fue en los años 70, el apelativo nombraba a las juntas militares latinoamericanas.

Estas juntas eran integradas por generales siniestros con gobiernos de “mano dura”. Además, compartían una visión pro libre empresas y capital transnacional que fue precursora del neoliberalismo contemporáneo. Fue la Junta Chilena de Augusto Pinochet la que modeló el sistema de retiro privatizado y la que dio paso a un proceso de privatización de la educación que acentúa desigualdades y sirve de modelo ejemplar en otros países emergentes hoy.

Aunque algunos la llaman Junta imperial, colonial y dictatorial, es una junta muy particular: posmoderna y poscolonial. Contrario a la expectativa inicial, la Junta la componen cuatro puertorriqueños y tres norteamericanos. Además de una mayoría de puertorriqueños, se constituye al amparo de la constitución de los Estados Unidos y los dirigentes coloniales han recibido a la Junta a regañadientes pero con brazos abiertos.

De hecho, el gobernador de Puerto Rico nombró como su representante a un norteamericano ex vicegobernador de Nueva York. La única mujer que la integra es puertorriqueña y conservadora. En la Junta no hay afrodescendientes, es una junta de “blancos”.

Por otra parte, a pesar de la urgencia con la que se propició la ley y las fechas apretadas para su constitución, la Junta se organiza sin prisa. Parecería que compra tiempo para esperar el desenlace electoral y así minimizar conflictos potenciales.

¿Cuáles son, entonces, las críticas sustantivas al modo de proceder de la Junta? Primero, tiene representantes de un solo sector de la población, el financiero. Dos de los puertorriqueños que integran la Junta fueron presidentes del Banco Gubernamental de Fomento y están, o estuvieron, vinculados a instituciones financieras que participaron en transacciones envueltas en la deuda. Otro de ellos es cuñado del comisionado residente y se vincula a intereses de aseguradoras.

La mujer miembro de la Junta se conoce por haber promovido en California la implantación de políticas neoliberales de recortes fiscales a servicios públicos.

Asimismo, el Título V de PROMESA estipula la creación del puesto de coordinador/a de revitalización de infraestructura. Este coordinador/a, junto al director/a ejecutivo/a de la Junta, tendrá autoridad y dispondrá de mecanismos institucionales para viabilizar de forma rápida (“fast track”) “proyectos críticos” para el mejoramiento de la crisis. Estos proyectos podrían ser, por ejemplo, la planta incineradora de desperdicios de Arecibo u otra versión del gasoducto, los cuales han sido rechazados masivamente por su impacto nefasto en el ambiente.

La Junta articula las voces de los que causaron la crisis, que ahora pretenden que la paguen los que no la causaron. Son las voces de una plutocracia que piensa que la solución a la crisis es una nueva oportunidad para lucrarse.

Los pensionados, los trabajadores, las mujeres jefas de familia, los maestros del sistema de educación pública, ni los pacientes que dependen del plan de salud pública tienen voz en la Junta. Sociológicamente hablando, la Junta representa a las clases poseedoras y no tiene ni gente ni mecanismos para escuchar a los desposeídos ni a la clase media trabajadora.

Esto crea una situación conflictiva y potencialmente volátil. No se puede imponer un ajuste financiero y estructural sobre las espaldas de los más necesitados y esperar que no surjan conflictos y disturbios sociales.

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