Andrés Santos Ortiz

Punto de Vista

Por Andrés Santos Ortiz
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La seguridad en el deporte infantil puertorriqueño

Todos y todas entendemos bastante de deportes. Pero cuando preguntamos cuáles son los indicadores que tienen que estar presente para lograr una experiencia deportiva enriquecedora, notamos que hace falta dirección. Un deporte que se aleje de la violencia y se acerque a la sana convivencia, que se aleje de prácticas nocivas para la salud o el medioambiente y logre sustentabilidad. Esta entrega busca criterios claros para pensar y evaluar toda actividad deportiva. 

A menudo se presume sobre las bondades del deporte, como si se lograran como resultado automático o sin esfuerzo. Muchos piensan que valores como liderazgo, disciplina o salud se desarrollan simplemente con organizar un torneíto, sin prestar atención en factores que elevan o perjudican la experiencia deportiva. Para enriquecer la experiencia, se inicia evaluando si los objetivos que motivan la actividad deportiva son adecuados y si se están tomando las decisiones correctas para alcanzarlos. 

Para establecer objetivos adecuados, primero se separa el deporte espectáculo del deporte praxis, términos acuñados por el filósofo deportivo español, José María Cagigal. El deporte espectáculo es el de alto rendimiento. Tiene como meta obtener victorias sobre cualquier otra consideración. El deporte espectáculo toma sus decisiones fundamentadas en rentabilidad económica. En esta categoría colocamos, por ejemplo, ligas profesionales o competencias donde participan selecciones nacionales. La mayoría, cuando escucha deporte piensa en deporte espectáculo.

Contrario al alto rendimiento, el deporte praxis lo practican el resto de las personas. Su principal enfoque no es el resultado competitivo, ya que deriva beneficios y cumple sus objetivos aun en las derrotas. Incluye todo tipo de orientación deportiva, recreativa, educativa, desarrollo infantil, pro-salud, comunitaria, pro-ambiente o solidaria, entre otras. 

El deporte praxis parte del reconocimiento de que la actividad deportiva es una valiosa herramienta de transformación individual y social. Por ello, cuan evolucionadas estén las políticas y prácticas de la actividad deportiva, así de transformadora será la experiencia. El deporte praxis al no estar atado al resultado competitivo, goza de un margen de maniobra para atajar aquellos vicios de la conducta humana que empujan a individuos a abandonar prácticas sanas por obtener victorias.

Confundir experiencias de deporte praxis con deporte espectáculo, dificulta múltiples oportunidades de crecimiento. Dicha confusión, logra que entrenadores de ligas infantiles prefieran ganar en vez de enseñar, pongan en riesgo la salud en vez de protegerla o recurran a la intimidación cuando dirigen, en lugar de priorizar en el modelaje del respeto. También hace que madres y padres, bien intencionados, pongan presión en vez de apoyar los procesos deportivos de sus hijos. Logra confundir a directivos que se corrompen y recurren a la trampa. Si queremos un deporte que responda a las necesidades de quien lo practica, hay que definir objetivos adecuados. 

Los esfuerzos del Departamento de Recreación y Deportes para reglamentar la seguridad en el deporte infantil puertorriqueño son ejemplo de la distinción aquí presentada. Cualquier iniciativa en la dirección correcta, sólo será valorada si nos educamos e implementamos iniciativas basadas en objetivos que han demostrado éxito desarrollando seres humanos de alto rendimiento.

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