Gustavo Vélez

Tribuna Invitada

Por Gustavo Vélez
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Las escuelas como fábricas de la nueva economía

Dentro del actual proceso de reestructuración de la economía local, el mayor activo que tiene Puerto Rico a futuro es su capital humano. Por esto, nos referimos a la base de profesionales y conocimiento que producen las instituciones educativas. Bajo esta visión, desde las escuelas y colegios hasta las universidades, el ecosistema educativo representa la base de producción del capital humano para hacer viable una nueva economía.

Si como sociedad adoptamos esta visión, debemos ser capaces de convertirla en una aspiración colectiva y movilizarnos todos como socios-voluntarios hacia el mejoramiento de la escuela pública. En lo personal, he sentido un llamado para unirme al esfuerzo de transformación que actualmente lleva la Secretaria de Educación Julia Keleher. Como parte de mi responsabilidad social, desde el mes de octubre comencé a visitar escuelas públicas para dar charlas sobre empresarismo y economía a los jóvenes de las escuelas. En el corto trayecto de visitas, que me ha llevado a varias escuelas en diferentes puntos del país, he podido descubrir el enorme potencial que hay en nuestras escuelas públicas, para convertirlas en incubadoras de empresarios.

A la misma vez, he confirmado la enorme necesidad que existe de colaboración y de inversión de recursos no gubernamentales, para potenciar el desarrollo de la experiencia educativa y el desarrollo profesional de nuestros jóvenes.

Tan reciente como ayer, el Departamento de Educación junto a un grupo de empresarios, le dimos formalidad al proyecto denominado “De la Escuela a tu Empresa”, y anunciamos un esfuerzo de colaboración con la secretaria Keleher para llevar charlas y recursos a las escuelas públicas a través de toda la isla.

UNA CANTERA DE TALENTO DE 300,000 ESTUDIANTES

Nuestro sistema de educación pública está compuesto por 300,000 estudiantes y una comunidad de maestros que asciende a 21,000. Entre fondos federales y estatales, el gobierno invierte anualmente $2,600 millones, en un sistema que por años no ha estado funcionando a plena capacidad. Una diversidad de factores ha obstaculizado la misión principal del Departamento de Educación, que es producir el mejor capital humano posible para ampliar las posibilidades sociales y económicas de Puerto Rico.

Posiblemente, la inversión más importante y estratégica que como sociedad actualmente hacemos es la que destinamos al Departamento de Educación y la Universidad de Puerto Rico. La pregunta es, si en efecto, estamos obteniendo los mejores rendimientos de esa inversión. La contestación claramente es que estamos muy lejos de tener un sistema educativo de clase mundial. Los esfuerzos y las reformas que actualmente se implementan apuntan hacia esa dirección.

No obstante, ante la quiebra fiscal y los enormes retos que enfrenta el gobierno, nos obligan a replantearnos el paradigma vigente en lo concerniente al rol de los actores no gubernamentales dentro del proyecto educativo del país. Planteo a manera de propuesta aspiracional que las posibilidades de viabilizar una nueva economía sólida y sostenible a largo plazo, dependen en la efectividad de tener un sistema educativo de calidad mundial.

Para lograr eso, se va a requerir que adoptemos una visión de convertir las escuelas en fábricas del mejor talento posible que podamos producir como sociedad. Esta aspiración requiere varias cosas. En primer lugar, un verdadero pacto entre el gobierno y el resto de los componentes de la sociedad para trabajar en estrecha colaboración dentro de un nuevo proyecto educativo. Como sociedad debemos asegurar que destinemos hasta donde nos sea posible, la mayor cantidad de recursos que garantice las necesidades fiscales del sistema.

EL SECTOR PRIVADO DEBE INVERTIR EN LAS FÁBRICAS DE CAPITAL HUMANO

Dentro del nuevo entendido, el gobierno debe asegurar la mejor utilización posible de los recursos que anualmente hacen los 900,000 contribuyentes para financiar el funcionamiento del Departamento de Educación. En segundo lugar, el sector empresarial, debe involucrarse en la gestión educativa, proveyendo recursos, ideas, su talento y sirviendo como puente entre el mundo académico y el mundo laboral.

La comunidad empresarial puede asumir un rol de mentoría en cada una de las escuelas públicas, apadrinar diversos esfuerzos para que los estudiantes amplíen sus posibilidades de cara al mundo universitario, a la ruta laboral o la opción empresarial. Si en este objetivo específico se logran apoyos amplios por parte del sector privado, entonces estaríamos creando las condiciones para formar el capital humano necesario para construir la nueva economía.

Si hacemos un ejercicio lineal y asumimos que logramos colocar exitosamente a los 300,000 estudiantes actuales del sistema dentro de los procesos productivos, (mercado laboral o como empresarios) en los próximos diez años estaríamos aumentando el total de personas empleadas del actual nivel de 870,000 personas, a 1,170,000 que un número cercano al nivel de empleo necesario que la economía pueda operar de manera óptima.

Al aumentar la base productiva, entonces estaríamos potenciando el crecimiento sostenido al que muchos economistas constantemente hacemos referencia.

Desde esta perspectiva, al ampliar la inversión financiera y de todo tipo de recursos, estaríamos ampliando las posibilidades de recuperación económica a largo plazo, fundamentándonos en nuestra base de capital humano que hoy está en las escuelas públicas. Un mejor Puerto Rico es posible.

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