Roberto González Quiñones

Tribuna Invitada

Por Roberto González Quiñones
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Las fechorías del gobierno en la noche

"Remota itaque iustitia, quia sunt regna nisi magna latrocinia?". Esta célebre frase, “si quitamos la justicia, ¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones?”, recogida en la obra Ciudad de Dios de San Agustín, no ha perdido vigencia a pesar de haber sido escrita hace más de dieciséis siglos. En nuestra isla, mucho hace que el gobierno, en sus altos funcionarios, se apartó del camino de la verdadera justicia. Y así, como las bandas de ladrones, obran en la noche.

De noche y a puerta cerrada se deliberan leyes amañadas. De noche cabildean en contubernio los grandes intereses y los políticos de escasa condición moral. De noche y a espaldas del pueblo se “cuadra” el presupuesto. De noche se aprueban las medidas de austeridad. De noche utilizan la fuerza policial para velar por los intereses particulares en desmedro del bien común, la salud pública y el medio ambiente. De noche nos envenenan con cenizas. De noche preparan los discursos que en la mañana siguiente pronunciarán hipócritamente a “los más vulnerables”.

El Estado está jugando con fuego. Con sus acciones, llevan a nuestra sociedad a una situación de carencia de ley conocida como anomia. La corrosión de la confianza del pueblo en sus instituciones provoca, entre otras cosas, la sensación de anomia generalizada. El uso de la Policía para la protección de intereses privados, como ha sucedido recientemente; los políticos que insultan la inteligencia de un pueblo en un cínico acto de mentira legislativo; los funcionarios electos que continuamente traicionan la fe que en ellos depositan los electores… todas son ejemplos de acciones, cuando menos, inmorales que laceran la salud institucional de una sociedad.

Ante el precipicio que representa la anomia, precipicio social al que nos empujan las imprudentes decisiones del Estado, sólo nos queda la unión como pueblo en el ejercicio auténtico de nuestros derechos democráticos. La protesta legítima se convierte en un acto de obediencia civil cuando se obedece a la conciencia antes que a las leyes injustas. La estirpe puertorriqueña se ha crecido ante los obstáculos mediante la unión de sus fuerzas. Dos valientes ejemplos de esta lucha ordenada en la historia reciente nos lo demuestran: la marina en Vieques y el gasoducto en Adjuntas. Hoy toca defender la vida, la salud y el medio ambiente, patrimonio inalienable de todos los puertorriqueños, contra el depósito de cenizas tóxicas en Peñuelas y Humacao.

De noche los ladrones hacen sus fechorías. Pero a la luz del día un pueblo cuyos cimientos se hunden en el amor a la vida y la verdad, reñirá concienzudamente contra ataques que hacen a nuestra isla los enemigos de la justicia. 

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