Ángel Ruiz Rivera

Punto de vista

Por Ángel Ruiz Rivera
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Las fiestas y la ayuda no son mutuamente excluyentes

La caridad y la compasión con el prójimo no riñen con el esparcimiento y la diversión; de hecho, son actividades totalmente distintas y ajenas unas de las otras. Uno puede ofrecer ayuda, económica, en especies, con trabajo o aportación intelectual y ello no quita el que uno pueda encontrar o dedicar del tiempo libre para divertirse y esparcirse. De manera que el ayudar a nuestros hermanos más necesitados y sacar del tiempo libre para apoyar a los artistas, artesanos, músicos, cocineros, bartenders, meseros, vendedores, taxistas, dueños y duenas de negocios, hoteles y demás hermanos que también necesitan ganarse un dinero durante las Fiestas de la Calle San Sebastián no son actividades mutuamente excluyentes.

Aquellos detractores y opositores de todo lo que tenga que ver con la cultura puertorriqueña, a quienes les molesta el éxito cada vez mayor -inclusive a nivel internacional- que tiene esta celebración o fiesta de pueblo, han estado buscando todo tipo de pretexto para pretender justificar lo injustificable: el que se suspendan dichas fiestas. Cualquiera juraría que se van a pasar todos los días de las fiestas haciendo trabajo voluntario en el sur de Puerto Rico y llevándole dinero o mercancía a nuestros hermanos afectados y necesitados. No creo. 

Estos pitiyanquis “do not put their money where their mouth is”. Son expertos en predicar la moral pero no ponen en práctica el samaritanismo cristiano que distingue a tantos verdaderos puertorriqueños que acostumbramos a ayudar al compatriota y al no compatriota que vive aquí necesitado, no solo después de desastres naturales sino siempre. 

El verdadero puertorriqueño nunca ha necesitado esperar un desastre natural para ayudar a un hermano o hermana. El verdadero puertorriqueño tampoco ha desaprovechado la oportunidad de una fiesta de pueblo para después de ayudar el prójimo inclusive invitarlo a comer o beber o ambas. De hecho, no vendría mal que todo el que pueda le sirva de anfitrión o huésped a un hermano damnificado residente en el sur que estoy seguro agradecería el despegarse un tiempito de la desgracia que han estado sufriendo, y despejarse la mente y el espíritu aunque sea un rato en las fiestas de pueblo más famosas de nuestra patria y de las más famosas del mundo. 

Por otro lado, no solo los hermanos del sur han sufrido. Los demás, aunque no en la misma magnitud, hemos también sufrido, mental y emocionalmente. El que pueda despejarse un rato, máxime después de haber ayudado o dado la mano a algún hermano o hermana del sur, tiene más que derecho a pasar un rato de asueto en las Fiestas de la Calle San Sebastián y de paso apoyar esta que se ha convertido en una gran empresa de la que dependen cientos, sino miles, de hermanos y hermanas. Además, el turismo no pierde millones que no nos hace falta perder y que no se van a traducir en ayuda para los del sur de todas maneras, aunque quisiéramos, y la extrema derecha reaccionaria no se anota otro triunfo antipatriótico y canalla.

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