Julia Nazario Fuentes

Punto de vista

Por Julia Nazario Fuentes
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Las generalizaciones nunca han sido buenas

De un tiempo para acá ha arreciado una campaña, orquestada o no, en la que se generaliza sobre la situación de los municipios de Puerto Rico y en la que diversas personas dedicadas a la opinión disertan sobre la consolidación de municipios, recortes adicionales a los presupuestos actuales y hasta la eliminación de los mismos, así como si fuera un acto de magia. 

Ciertamente Puerto Rico ha visto lamentables casos de mal uso de fondos públicos y de excesos de diversos tipos, lo que es lamentable, condenable y merece la aplicación de todas las disposiciones de la ley. De eso no cabe duda. Pero generalizar es un mal que hace daño a todos, puesto que se les aplica los justos la misma condena de los pecadores. 

Hoy quiero reaccionar específicamente a la columna publicada el pasado domingo bajo la firma de Mayra Montero. Habla de los alcaldes y alcaldesas de forma generalizada, sin tomar en cuenta que la mayoría de nosotros hemos hecho realizado recortes, consolidaciones y ahorros desde que la actual administración de Ricardo Rosselló acordó con la Junta de Control Fiscal que se nos despojara de $350 millones en este cuatrienio y ahora con la derogación de la Ley 29, cientos de miles más. Quienes pagan los platos rotos no son los alcaldes, sino los ciudadanos en servicios tan importantes como el recogido de desperdicios domésticos, la reparación de caminos municipales, el pago de amas de llaves, la administración de centros infantiles “head start” y de envejecientes, así como el mantenimiento de calles, parques, promoción deportiva y cultural. De manera que la alegación de que “los municipios no se esforzaron en controlar gastos, bajarse sueldos y eliminar bonificaciones” no es cierta. 

Cuando llegué a la alcaldía de Loíza, decreté un recorte que superó el millón de dólares en plazas de confianza, pago de teléfonos celulares y tarjetas de gasolina, ajustes en el recogido de basura y en otras áreas. 

Cuando se mencionan los llamados “barriles de tocino” legislativos para los municipios, es importante aclarar que esa práctica se eliminó hace ya varios cuatrienios. El referirse a los alcaldes como “caciques que idean proyectos para beneficiar a los donantes de los alcaldes”, es otra generalización injusta. En nuestro pueblo se legisla para los loiceños, no le debo nada a donantes, ni les deberé y sí al pueblo que nos eligió y a quien servimos sin colores. Si bien es cierto que algunos ejecutivos municipales han sido señalados por los tribunales, en la mayoría de los casos los alcaldes trabajan duro y han logrado el progreso en sus pueblos por medio de una administración sana y responsable.

Generalizar y alegar que los alcaldes y alcaldesas estamos rodeados de bandidos, igual no es justo para funcionarios que trabajan en ocasiones 24/7, y zombificar a los electores es no reconocer la capacidad de análisis de la mayoría.  De igual manera, minimizar la labor de los municipios durante graves situaciones de emergencia, evidencia un desprecio a la verdad. 

Seguramente algunos sintieron las fuertes ráfagas durante el paso de los huracanes, resguardados, pero no sintieron el gemido del pueblo como lo sentimos la mayoría de los alcaldes y alcaldesas.  Pero en Loíza no fue solo el huracán María, pues dos semanas antes ya el huracán Irma había causado graves problemas que aún los estamos tratando, así como dos fuertes marejadas que nos azotaron bien fuerte.   

Fue desde la estructura de la alcaldía que recibimos los dos embates de esos huracanes, porque ahí decidimos estar para que la ayuda a los ciudadanos llegara lo más pronto posible. Aún con el viento azotando, junto a un grupo de empleados nos tiramos a la calle para encontrarnos con la triste realidad, un pueblo destruido.  Además, nos tocó vivir la desesperanza de un gobierno totalmente desentendido de la realidad del pueblo.  Mientras la mayoría de los alcaldes estábamos en la calle, buscando cómo ayudar a nuestra gente, desesperados, un grupo de acuarteló en el Centro de Convenciones, en donde no sintieron el hambre, el dolor ni el miedo de nuestra gente.  Yo sí lo sentí al igual que la mayoría de mis compañeros alcaldes y alcaldesas.

Con todo lo que hemos vivido, en Loíza cerramos el año fiscal 2018-2019 con un superávit de $721,000 que se destinó a la renovación de la flota vehicular de servicios, servicios a las comunidades y a la continuación del programa municipal de asfaltado en las comunidades. Una porción irá a cumplir con las obligaciones señaladas por ley relativas al déficit acumulado. Eso se ha logrado por medio de una administración sana y estricto presupuesto. Además, en Loíza hemos logrado un aumento de 115% en los recaudos del Impuesto de Ventas y Uso (IVU), precisamente estableciendo los controles necesarios.

Generalizar sobre la situación de los municipios no le hace bien al discurso público, porque en nada abona a la discusión seria de la que todos los ciudadanos requieren y merecen.  Si no fuera por la entereza en nuestro deseo de servir y el valor que esto requiere, hasta nos desmoralizaría.                    

En la viña del Señor hay de todo, pero conozco excelentes alcaldes y alcaldesas que estamos día a día con nuestra gente para brindarles una mejor calidad de vida.  Así lo estamos haciendo en esta nueva crisis. Generalizar no es bueno.  En nuestro país hay muy buenos periodistas, como los hay no tan buenos.  Me cuide Dios de generalizar sobre el trabajo que día a día realizan nuestros periodistas en busca de la verdad, la objetividad y para brindar información certera y confiable a nuestro pueblo. Mis respetos a la mayoría de nuestros periodistas, a quien honro su trabajo.

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