Kenneth McClintock

Tribuna Invitada

Por Kenneth McClintock
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Las lecciones de Notre Dame

Como hijo de un arquitecto enamorado de la preservación histórica, y como cristiano devoto en la Iglesia Episcopal, me dolió enormemente ver las imágenes terribles del incendio que consumió parcialmente la Catedral de Notre Dame en París.  

El incendio, naturalmente, generó el interés de qué deben hacer los parisienses, los franceses, la Iglesia Católica, el mundo, para reparar el daño y restaurar la Catedral.   

Una preocupación similar surgió en 2010 cuando el terremoto en Virginia generó daños significativos a la Catedral Nacional en Washington, DC, donde asistí a la misa de Domingo de Ramos el pasado domingo.

Sin embargo, el incendio en la Catedral parisiense debe provocar un interés en reconocer y aprender Las Lecciones de Notre Dame, enseñanzas importantes para nuestro territorio, donde contamos con importantes tesoros físicos que proteger.

Primero, es importante desarrollar un consenso social sobre cuáles son los tesoros físicos de la sociedad, por encima de afiliaciones religiosas, partidistas, ideológicas y de otra índole.  Localmente, un evangélico debe reconocer el valor de la Catedral Católica de San Juan.  El exalumno más acérrimo del RUM, debe reconocer el valor de la Torre en el recinto de Río Piedras. El anarquista más extremo debe reconocer el valor arquitectónico y cultural del Capitolio, el valor del contenido histórico de la bóveda del Departamento de Estado y el valor cultural y artístico de la bóveda del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Segundo, los propietarios y custodios, públicos y privados, de nuestros grandes tesoros deben evaluar inmediatamente los riesgos que confrontan esos tesoros -terremotos, terrorismo, incendios, etc.- y qué pasos deban tomarse para minimizar esos riesgos.

Tercero, una vez se realicen esas evaluaciones y se cuantifique el costo de los pasos que se deban tomar para minimizar futuros daños, que se discuta cómo deben financiarse los pasos a tomarse.  En ocasiones, los costos exceden lo que el propietario y custodio puede pagar.  Ejemplo de ello es la restauración de la histórica Iglesia de San José en el Viejo San Juan, que fuera de una asignación estatal de $600 mil hace más de quince años y el apoyo técnico del Instituto de Cultura Puertorriqueña, se ha financiado enteramente con más de $9 millones de un fondo patrimonial, independiente de la Iglesia Católica, aportados enteramente por ciudadanos privados.

Puerto Rico cuenta con múltiples tesoros cuyos propietarios no podrían reemplazar si fueran destruidos total o parcialmente.  Es de primordial importancia que esos propietarios, a raíz del incendio de Notre Dame, verifiquen qué medidas pueden tomar ahora para proteger esos tesoros -desde detectores de incendios hasta sistemas de extintores automáticos- para minimizar incidentes futuros.

Conocer y reaccionar a las Lecciones de Notre Dame evitará que ese incendio y los daños irreparables hayan sido en vano.

Por mi parte, haré una aportación modesta para que mis nietos puedan visitar y disfrutar el Tesoro mundial de Notre Dame como lo disfruté por primera vez en 1971, porque hoy todos somos parisienses… Aujourd'hui nous sommes tous parisiens!

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