María Judith Luciano

El bisturí de papel

Por María Judith Luciano
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Las lentas ayudas de caja en caja

Dicen que los dimes y diretes aportan a llamar la atención para que se conozca a través de todos los medios la angustia por la cual atraviesa el pueblo… Puede ser; como por ejemplo, la discusión por la falta de planificación en la distribución de los artículos: a quién se le entrega, cuándo, dónde, cómo, aunque abona al desánimo, ayuda como un patín sobre ruedas. 

Es preciso ver las imágenes y escuchar las expresiones de los funcionarios para pensar que se están volviendo locos con tantas paletas y plataformas que están arribando por aire y mar, y más cuando se escucha del gobernador decir que decomisará la mercancía que se encuentra en los vagones del muelle si no hay movimiento con prontitud. Me imagino que se refería a la mercancía de duración limitada.

Sabemos que la recuperación de Puerto Rico, en términos de infraestructura y todo lo relacionado a la construcción, tomará mucho tiempo, pero la gente no tiene por qué pasar hambre, sed y carecer de servicios básicos para cuidar de su aseo y salud por motivos de que la distribución, clasificación y repartición de los artículos donados se encuentran atrapados en una carrera de obstáculos. ¡Fíjese! Mientras se informa de que en los municipios de Utuado, Jayuya, Adjuntas, Barranquitas, Orocovis, Lares, Aibonito, entre otros, la gente tiene hambre, pasa 12 horas a oscuras, sin agua y sin comida; en un almacén central en San Juan, un operativo formado de voluntarios clasifica y empaca mucho de lo que ya recibieron clasificado y empacado.

Luego que rompen cajas y cajas; vuelven a echar en cajas, rotulan cajas y sellan cajas; entonces esperan por los transportistas que llevan las cajas a los almacenes regionales, y de ahí a esperar la llegada del alcalde, de empleados y voluntarios municipales para recoger las cajas y hacer llegar los artículos a las comunidades que puedan acceder. O sea, desde que son trasladadas al almacén central, las cajas pueden pasar 48 horas o más, antes de que el ciudadano reciba cuatro botellitas de agua, varias latitas y otros artículos sacados de las cajas.

¿En serio? Parece una comedia de errores. La gran mayoría de esa mercancía que está arribando a Puerto Rico de organizaciones sin fines de lucro y de la comunidad puertorriqueña, por lo general, está debidamente clasificada, empacada y en cumplimiento de las regulaciones en los puertos. No es tirando y mezclando como trabajan los grupos de voluntarios que donan servicios en los centros de acopio. Por ejemplo, rotulan: “alimentos enlatados”, “artículos para bebé”, “detergentes” (las cajas de agua no necesitan presentación), etcétera. A lo mejor hay cajas que, ciertamente, tienen que ser abiertas ya sea para reclasificar o redistribuir mejor la variedad como son los paquetes de ropa, pero las cajas rotuladas con alimentos no necesitan tres almacenamientos; pueden entregarse como llegan y que sean los alcaldes y los funcionarios en los municipios quienes abran las cajas y comiencen a repartir la mercancía. En esta crisis, todo artículo es necesario, desde un desechable, una latita de vegetales mixtos, un jabón… hasta un duro matahambre como decía mi abuela.

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