Charlie Aguilar

Punto de Vista

Por Charlie Aguilar
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Las máscaras de Hatillo: tradición en el recuerdo

Las costumbres se convierten en tradiciones y el pueblo de Hatillo recibió un legado de Isla Canarias que con el tiempo se fue transformando y hoy es conocido como El día las Máscaras. Se conmemora todos los años el 28 de diciembre. 

Las máscaras representan a los soldados del malvado Rey Herodes, simbolizando la persecución de los niños según los hechos bíblicos. Sin embargo, la tradición local satiriza los fatídicos tiempos de los perversos soldados, convirtiéndolos en amigables personajes que ocultan sus caras para hacer sus bromas, muy distinto a lo que algunos señalan como un acto diabólico en aras de hacer críticas infundadas.  

La tradición incluye recorridos en casi toda la jurisdicción de Hatillo y pueblos cercanos, con miles de corredores que hacen el evento único en su dimensión, colorido y participación en Puerto Rico. En sus inicios, las mascaras viajaban a caballo, pero a finales del 1950 comenzó su movilizaciónen vehículos de motor.  

Para reafirmar la cultura hatillana, el Centro Cultural José P. H Hernández inició el Festival de Máscaras en el 1973, para dar un mayor reconocimiento y apoyo a su legendaria tradición, pero a su vez manteniendo un reglamento de rigor y hacer amena dicha actividad en la Plaza Pública, incluyendo la festividad de los Santos Inocentes, el día 27 de diciembre por su relación directa con las máscaras el 28. Sin embargo, hoy no cabe la idea de muchos que transforman el atuendo original con grotescas caretas o emulando personajes de Disney, Halloween u otros, aunque tenemos nuestra muy típica vestimenta.

La celebración trascendió del conocimiento local a todo el país y al exterior con las visitas de representantes de medios informativos y revistas muy reconocidas, incluyendo un corresponsal de una publicación de Francia. En el contexto publicitario alcanzado a través de los años el público transcurría en grandes muchedumbres con grandes emociones y mucho respeto. Las reglas establecían que así tenía que ser para que mayores y menores se sintieran seguros y en libertad para presenciar los trajes de máscaras con uniformidad en el pantalón, camisa, sombreros y muy indispensable sus caretas o máscaras artesanales, haciendo honor a su nombre. 

La tradición incluso ha sido llevada como representación hatillana a distintas actividades de varios pueblos y en el 1977 por primera vez al Desfile Puertorriqueño en Nueva York.

Sin embargo, lamentables cambios que están lejos de los principios originales han ocasionado disgusto y malestar disminuyendo el entusiasmo e interés situando la tradición a situaciones muy distantes a su origen por el disgusto y malestar con los cuales el Centro Cultural tiene que lidiar ya que solo esta organización es responsable de su celebración para mantener tan importante evento en la cultura de Hatillo y todo el país. 

La situación demanda un fundamental programa de reorganización firme con las exigencias en su formal vestimenta para poder participar de acuerdo a la tradición y a la vez una mayor y mejor coordinación con las autoridades del orden público para el control vehicular sobre el exceso de ruidos, cantidad de participantes en cada medio vehicular, la seguridad y la visibilidad en los automóviles usados para la transportación de los grupos en bien del público y los propios participantes. 

Es urgente recordar que el uso de sirenas está regulado para uso solo en vehículos de seguridad pública por lo que es una violación en otros no autorizados. El Festival tiene que volver a su origen y esto ha de lograrse con el interés de todas las partes salvando así su continuidad.       

            

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