Héctor M. Pérez Acosta

Punto de vista

Por Héctor M. Pérez Acosta
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Las matanzas y las drogas

El ciclo comienza a repetirse, al igual que ocurrió el pasado año y el anterior y el anterior y el anterior ...

Ocurre la matanza, a los pocos minutos los amigos de la prensa nos informan sobre los hechos aparentes. De inmediato los analistas y comentaristas aportan sus consejos por todos los medios disponibles. 

El pueblo, con justificada razón, se escandaliza y llena las redes sociales de comentarios sobre la seriedad del problema y hasta ofrece soluciones. 

El jefe de turno de la Policía se manifiesta indignado y termina concluyendo, con aparente firmeza y convencimiento, que todo está bajo control y aquí paz y en el cielo gloria. Sin inmutarse, el secretario de Seguridad Pública le hará coro en algún momento. 

Y hasta la próxima matanza ...

Señora gobernadora y demás líderes gubernamentales: ¿hasta cuándo van ustedes a permitir que este ciclo continúe, haciendo más de lo mismo con el problema cada vez más serio? ¡Por si no lo han notado, el problema es sobre las drogas, su tráfico ilegal y su venta ... el narcotráfico! 

El camino para la solución lo conocen. Hace un tiempo, redacté unas notas para este rotativo sobre este mismo problema y decía que:

“[h]ace más de cuatro décadas, el entonces juez asociado del Tribunal Supremo, honorable Marco A. Rigau Gaztambide, por vía de una opinión disidente, en Pueblo v. Tribunal Superior, 104 DPR 650 (1976), expresó su insatisfacción por la forma en que nuestra sociedad había estado tratando el ‘asunto de las drogas prohibidas’ y exponiendo, a su vez, interesantes ideas o propuestas con la intención o expectativa de que el ‘problema’ pudiera ‘reducirse a proporciones manejables y tolerables”.

Igualmente, mencioné, que “el juez federal, honorable Juan R. Torruella lleva décadas abogando por la despenalización de la droga”. Pero nada ha cambiado.

Debo repetir, porque nada ha cambiado y en consecuencia nada debo cambiar, que estoy convencido y al igual que yo, muchos puertorriqueños, de que la única forma de detener los “baños de sangre” en nuestras calles y comunidades y - ahora en nuestros hogares - es a través de una bien pensada y ejecutada despenalización de las drogas. Lo demás, es seguir dándole “vueltas a la noria” mientras nuestros jóvenes siguen muriendo en las calles por una clara impericia gubernamental.

Es hora ya de cortar por lo sano con valor y arrojo adoptando, sin miedo, un bien pensado enfoque salubrista para atender el problema de las drogas. 

Mientras tanto, hay que seguir preguntándonos, sin remedio, ¿qué grandes poderes hay tras bastidores que han impedido la adopción de estos enfoques?

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