Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Las matemáticas

De la matemática, René Descartes dijo una vez que es “la ciencia del orden y la medida, de bellas cadenas de razonamientos, todos sencillos y fáciles”. Y cuando lo expresa así de claro un personaje del tamaño de Descartes, padre de la filosofía moderna y también destacado matemático y científico, pues puede que no quede más remedio que creerlo y tomar esas ideas como bandera en la vida.

Quizás por eso es que cuando, confrontado con el infernal problema fiscal de Puerto Rico, con gastos permanentes que superan por mucho sus ingresos permanentes, alguien puede creer que solo la matemática, por eso del “orden y la medida” o de “las bellas cadenas de razonamientos”, puede solucionarlo todo de manera casi mecánica. Se ve el número que hay y al que hay que llegar. Se le saca punta al lápiz, se marca un poco aquí, otro poco allá, mucho más acá y, perfecto, cuadraron los números.

Nos damos la mano, nos abrazamos, tomamos champán y venga el próximo.

Estamos viendo en estos días, horrorizados, lo que pasa cuando creemos que la vida colectiva de una sociedad se puede ver solo a través de números.

De mirar esto solo en dólares y centavos, al parecer, vinieron algunas de las ideas más violentas de los planes fiscales con los que nuestro gobierno tendrá que cumplir por órdenes de la Junta de Supervisión Fiscal.

Mas cuando echamos a un lado la cortina de los números y miramos con cuidado lo que hay detrás, comprendemos que la manera esquemática en que se quiere poner orden en el caos de las finanzas de la colonia, es muy posible que al final terminemos peor de lo que hoy estamos.

El problema intenta resolverse recortando, entre muchos otros renglones, las pensiones de los retirados en un promedio de 10%; triplicar el costo del crédito en la Universidad de Puerto Rico (UPR) y machetearle 17% a los retirados de dicho centro universitario; cerrar cientos de escuelas, aumentar peajes y muchos otros de los golpes que nos esperan en los próximos años.

Matemáticamente, la propuesta no carece de sentido. Los sistemas de pensiones del gobierno de Puerto Rico tienen un déficit cercano a los $50,000 millones y, con mucha más gente retirando que aportando, se están quedando sin dinero para seguir pagando pensiones. La proyección de la Junta es que su propuesta ahorra $732 millones en seis años y $11,000 millones en 30.

Pero seguimos caminando y empieza a vérsele el lado feo a la propuesta. La Junta dice que el 25% de los pensionados no recibirá ningún recorte, el 18% recibirá un recorte de 5% o menos, el 16% un recorte entre 5% y 10%, el 23% entre 10% y 15%, el 14% entre 15% y 20% y el 4% entre 20% y 25%.

Lo que matemáticamente parece que no se ve es, por ejemplo, que un recorte de 5% a alguien que está en el umbral de la pobreza puede ser más devastador que un recorte de 25% a alguien que seguro tiene muchos más recursos con los cuales defenderse de un machetazo así. O sea, el 5% de una pensión de $1,200 no significa lo mismo que el 25% de una pensión de $6,000 (de las que, se sabe, hay unas cuantas).

La Junta dice también que se asegurará de que no se toque a nadie que ahora mismo esté bajo el nivel federal de pobreza, que se define en ingresos de menos de $11,880 al año para una persona. Pero, otra vez, la matemática metiéndose en el medio de la razón, no ve que la situación de una persona retirada se define por muchos otros más factores que van más allá del frío número de sus ingresos. Se mira, por ejemplo, cuáles son sus condiciones de salud y el consecuente costo de sus medicamentos, así como sus necesidades de vivienda y transportación.

No sabemos, por ejemplo, si se tomó en cuenta que los medicamentos registraron un aumento de entre 14% y 15% entre el 2015 y el 2016.

Prácticamente todos los planes médicos de los ancianos tienen un tope de gasto anual de medicinas que, como va subiendo esto, rara vez les da para todo el año.

Esto obliga al retirado a comprar la pastillita o el brebaje de su bolsillo, si es que le da con el capricho de querer vivir unos años más.

Por ahí, por la matemática, vino también el aumento brutal en la matrícula y los costos de la UPR, que no toma en cuenta, por ejemplo, que la mitad de los cerca de 55,000 estudiantes recibe la totalidad de la beca Pell. Eso significa que sus familias no están en condiciones de aportar ni un centavo a su educación. La beca todavía cubrirá la matrícula, pero el sobrante que esos estudiantes usan para transportarse, hospedarse o comer, cosas con los que sus familias nos los pueden ayudar, se reducirá bastante.

Algunos de esos chicos no podrán ir a la universidad, no podrán salir de la pobreza, aportar al país desde las ciencias, las artes, la empresa, a lo que sea que su corazón hubiera querido dedicarse.

Y vino también la orden de cierre de casi 300 escuelas, sin tomar en cuenta las particularidades de cada una de estas y haciendo caer en la redada incluso a las que eran la adoración de sus comunidades, como las Montessori y la especializada en béisbol en Comerío.

La secretaria Julia Keleher está oyendo propuestas sobre esos dos problemas y los que le llevaron el reclamo tienen la esperanza de que los escuche. Ya sabremos en los próximos días.

En el segundo párrafo de esta columna se reconoce que los gastos permanentes del gobierno son por mucho mayores a sus ingresos permanentes. O sea, que hay que recortar, y mucho, gústele a quien le guste.

Lo que muchos cuestionan es la manera en que se está haciendo, por dónde se eligió recortar y a quién se dejó quietecito como si este revolú no le incumbiera también, entre los cuales el ejemplo más ofensivo, como siempre, es la Comisión Estatal de Elecciones (CEE), a la que han dejado tranquila para que siga dedicándose en paz a los bochinches con los que nos ha entretenido en los últimos meses.

Lo que gente muy seria está diciendo desde que se conocen los planes fiscales que certificó la Junta es que están metiendo a Puerto Rico por una ruta de precariedad, incertidumbre y borrascas que es muy probable que nos deje todavía peor de lo que estamos hoy.

Todo porque la Junta, no teniendo que responderle a nadie por sus acciones, hizo un ejercicio puramente matemático que no tomó en cuenta, para nada, que hay muchísimos hilos en el presupuesto que, cada vez que los halan, afectan a una persona de carne y hueso.

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