Gustavo Vélez

Punto de Vista

Por Gustavo Vélez
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Las mentiras de Trump y la recuperación inconclusa

Joseph Goebbels, el siniestro ministro de Propaganda de Adolfo Hitler de la Alemania nazi, dijo una vez que “una mentira repetida mil veces” se convierte en verdad. Esa es la estrategia que parece adoptar el presidente de los Estados Unidos Donald Trump con respecto a su proyección pública y manera peculiar de hacer política en la época de la pos-verdad. 

La constante mentira y la manipulación mediática se han convertido en la punta de lanza de la estrategia política del presidente más divisivo y conflictivo que ha tenido la nación en toda su historia. Esta forma de mentir de manera compulsiva se extiende a todos los ámbitos de la presidencia de Trump, incluyendo a Puerto Rico. 

Tan reciente como en abril del 2017, publiqué una columna en este espacio, titulada “Porque Trump no nos quiere” en la que advertía que su administración sería hostil y adversa a los intereses de la Isla en la capital federal. Desde su comienzo, era obvio que la visión de mundo y el ideario político del nuevo presidente no incluían a los puertorriqueños, ni al resto de las minorías latinas. 

El azote del huracán María hace 23 meses, junto a la quiebra del gobierno, colocaron a la Isla en el radar de la política nacional y desde entonces, hemos sido objeto de ataques y desprecio permanente. 

La mediocridad y la vocación de mala administración de nuestra clase política han creado el pretexto perfecto para que Trump “barra el piso” no solo con los políticos sino con el pueblo de Puerto Rico, que es víctima inocente en esta trágica situación. También ha justificado que el primer mandatario ponga escollos al desembolso de las ayudas que necesita la Isla para superar el golpe mortal del huracán del 2017. 

Bajo el pretexto de que la Isla es gobernada por políticos corruptos e incapaces de asegurar el buen uso del dinero de los contribuyentes norteamericanos, a casi dos años del desastre de María todavía no llegan las ayudas millonarias aprobadas por el Congreso federal. 

El argumento inicial no es debatible y los hechos recientes así lo confirman, pero el gobierno federal puede implementar mecanismos para asegurar que el dinero sea gerenciado por una figura con amplios poderes que responda a la Casa Blanca. 

La información validada por nuestros análisis apunta a que el total de la ayuda aprobada pero no desembolsada asciende a $40,000 millones. Esta inyección permitiría reconstruir la infraestructura energética y vial, así como construir miles de casas que destruyó el huracán durante su paso en septiembre de 2017. Mientras la ayuda se ahoga en el mar de la burocracia federal y la mediocridad gubernamental criolla, Trump publica hoy en las redes sociales que está preocupado porque viene otra tormenta para la Isla. Aprovecha su mensaje para volver a decir que nos ha enviado $92,000 millones en ayudas. Nada más lejos de la verdad. Trump miente fríamente, mientras acá en la Isla, nos preparamos para otro evento atmosférico. De hecho, todavía hay sobre 30,000 familias viviendo en casas con toldos azules y el centro de la Isla sigue en mal estado. La recuperación está inconclusa. 

El cinismo y el desprecio no pueden llegar en un momento más inoportuno. En el fondo, Trump vuelve a humillarnos, con el consentimiento de nuestra cobarde clase gobernante y aquellos que elegimos para defender nuestros intereses. Por suerte, dicen que tarde o temprano, la mentira siempre será alcanzada por la verdad. 


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