Diana Valle Ferrer

Punto de Vista

Por Diana Valle Ferrer
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Las mujeres no son masoquistas

La ex procuradora de las Mujeres, María Dolores Fernós, es coautora de esta columna.

Existen tantos mitos y estereotipos sobre las mujeres que viven y sobreviven la violencia machista: que si no hacen nada, que si se quedan es porque les gusta, que si son malas madres porque no dejan al agresor, que si se lo buscaron… Pero, el confinamiento histórico de muchas mujeres a la esfera doméstica, y la construcción ideológica de las mujeres como pasivas y débiles, enmascaran la realidad de que muchas no solo enfrentan, resisten y transgreden las normas patriarcales y la violencia, sino que además transforman sus espacios cotidianos y sociales.

La violencia contra las mujeres no ocurre en un vacío: ocurre en el contexto sociohistórico de una sociedad patriarcal jerárquica, de múltiples opresiones por razón de género, raza/etnia, clase y sexualidad. La expectativa de que la mujer debe aguantar, soportar, callar y obedecer en la relación de pareja, la relación de sumisión/dominación, son esperadas y promovidas en nuestra sociedad. Los estereotipos de la mujer pasiva y sumisa y el hombre activo y dominante aun perduran en nuestra sociedad y en nuestras conciencias. 

Ante esta situación, las mujeres necesitan apoyos familiares, institucionales y comunitarios que respondan a sus necesidades, intereses y derechos que no siempre reciben. Tenemos que, por un lado, desmantelar instituciones familiares, jurídicas y educativas jerárquicas y patriarcales que oprimen a las mujeres, y por otro, construir nuevas y renovadas instituciones que apoyen y defiendan nuestros derechos humanos. No seremos libres hasta que se vean, se escuchen y se respeten nuestras diversas formas de resistir y luchar, y erradiquemos los estereotipos de la mujer pasiva que le gusta que le peguen. 

Comentaristas y analistas políticos en Puerto Rico han comparado la situación de las mujeres que enfrentan la violencia de pareja con el contexto colonial de Puerto Rico. Decir que en Puerto Rico las mujeres están esperando o rogando por el próximo golpe -“pégame, pero no me dejes”- es tergiversar tanto la dinámica de la violencia de género, como nuestra historia de lucha y resistencia. 

Las mujeres siempre hemos resistido la violencia. Las mujeres utilizan las estrategias que perciben que están disponibles en un momento dado. Piensan, sienten y actúan manejando las exigencias internas y externas que las interpelan, y resisten el poder y la violencia con diversas estrategias. Es imperativo reconocer y validar estas estrategias de resistencia, tales como “seguir la corriente” y aparentar aceptación, buscar ayuda, hablar con familiares y amistades, planificar con el objetivo de sobrevivir y proteger a los hijos y a las hijas, entre otras, hasta que logran salir de la relación opresiva.  Las mujeres no están “esperando el próximo golpe”, sentadas sin hacer nada, y no son sumisas, pasivas e indefensas.

Las mujeres seleccionan sus estrategias de enfrentamiento, ya sea para finalizar la relación violenta, o esperanzadas de que esta cese.

A muchas mujeres se les hace muy difícil separarse de sus parejas por multiplicidad de razones, entre ellas porque tienen hijos e hijas con la pareja o porque quieren mantener el matrimonio y la familia unida. Otra razón es porque conocen que la separación es un momento muy peligroso para ellas y sus hijos e hijas, pues aumenta el riesgo de violencia y feminicidio. En nuestra experiencia de muchos años de trabajo e investigación con mujeres víctimas/sobrevivientes de violencia, nunca hemos escuchado a una mujer expresar que prefiere que la maltraten, antes que la dejen. Las mujeres quieren que cese la violencia, las mujeres se quieren vivas.

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