Carlos González

Tribuna Invitada

Por Carlos González
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Las nenas son de papá

“Las nenas son de papa”. Esa fue la reacción inmediata y, sin dudas, más repetida cuando le informaba a amistades que sería papá de una niña. Estuve desarmado de argumentos para debatirles debido a que, obviamente, es mi primera experiencia.

¿Cómo seré como papá?, me repetía casi a diario. ¿Qué desafíos nos esperarán? No encontré unas respuestas claras, pero tampoco tenía interés genuino en conocerlas. Prefiero el elemento sorpresa. De lo único que estoy convencido es que deseo disfrutar cada paso de Valeria. Sanar las heridas producto de sus caídas, mimarla cuando se requiera y ofrecerle consejos cuando los solicite.

Valeria llegó algo ‘tarde’ a mi vida. Había sobrepasado los 44 años cuando ella nació, pero tener una hija no es una responsabilidad que se debe tomar a la ligera y era necesario tener la madurez necesaria ya que viene acompañada de cambios, retos, satisfacciones y privaciones, entre otras. Llegaron nuevas obligaciones, pero también una infinidad de motivaciones. 

Aunque hago un esfuerzo por absorber los consejos que con buena intención otros papás brindaron, quiero descubrir cosas nuevas todos los días. Conocer sus manías, su personalidad, sus curiosidades. Desde cambiar un pañal, hasta darle una botella de leche, dormirla y escucharla pronunciar su primera palabra, todo tiene un sabor peculiar. Han sido demasiadas las horas de sueño perdido que difícilmente vayamos a recuperar, pero las nuevas canas en el cabello –particularmente la barba- valen la pena.

Como sociedad puertorriqueña, tenemos en nuestras manos serios obstáculos económicos y sociales. Hemos perdido la habilidad para tolerar y aceptar nuestras diferencias con la intención de remar en una sola dirección por el bien del país. Nos hemos acostumbrado a pensar a nivel individual por encima del colectivo.

¿Qué Puerto Rico le dejaremos? Esa es una preocupación que me atormenta a diario. Quiero que Valeria aprecie y respete la naturaleza, valore las virtudes de los demás sin importar el sexo, la raza, las creencias ni preferencias. Y, sobre todo, que ame a su Patria, la estime y proteja.

Ser padre es un desafío, pero hago lo mejor según mis virtudes y defectos. El día en que Valeria opte por construir su propio camino llegará. Será inevitable. Aunque quisiera que nunca ocurra, tengo la encomienda darle las herramientas para que eventualmente sea una ciudadana de bien.   

Valeria es una niña muy alerta, astuta e ingeniosa, quizás más de la cuenta para una niña de 17 meses. Con una sonrisa contagiosa como la suya, cómo no sentirse afortunado de ser su papá. Sin dudas, ella es el mejor obsequio que he recibido.

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