Luis G. Collazo

Tribuna Invitada

Por Luis G. Collazo
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La sociedad encriptada

Usualmente “encriptar” implica ocultar un mensaje con una contraseña electrónica. En su sentido fundamental es manipular la divulgación de un escrito para hacerlo inaccesible al escrutinio público. Es así que bien se le puede adjudicar a una sociedad este carácter cuyo DNA esencial y cotidiandonde es ocultar la verdad y dignidad. No es esencial destacar las particularidades subjetivas del carácter de individuos pues la conducta colectiva es síntoma de la sociedad encriptada.

Por décadas hemos padecido de ese síndrome que oculta la dignidad humana para justificar un eficiente uso de la conciencia individual y colectiva. Por esto, cómodo se le ha hecho al pueblo, y a buena parte de sus líderes, el uso infinito de justificaciones para perpetuar la depredación de toda nuestra sociedad. Si nos sorprendemos de lo acontecido en las últimas décadas en nuestro país, no hay otra opción de diagnosticar la “apnea perpetua” que nos causa una metástasis la ingenuidad.

Por haber encriptado sistemáticamente la verdad, libertad y dignidad los resultados de nuestro quehacer político y social son una desdicha. El ocio espiritual, que de paso ha depredado la integridad de la religión y las iglesias, es síntoma lógico de una sociedad equipada para la cobardía, el pragmatismo absurdo y la codicia infinita. La complacencia acomodaticia ha embrutecido la conciencia personal y colectiva.

Dice el pueblo “Ponte pa’ tu número”. Parece ser que esa frase popular nos describe como nación dislocada e inhabitable. Causa espanto tanto reformismo trasnochado y discursos floreteados de liberación. Es en ese “fin que justifica los medios” que todo lo que “sembremos, cosecharemos”.

Me desalienta la “tontería” superficial de solicitudes de renuncia cuando el déficit de calidad de vida no está en la sustitución de individuos, aunque éticamente sea insoslayable. No son los líderes el problema, ellos son solo agentes microscópicos de la infección que nos depreda profundamente. El problema fundamental es la carencia de conciencia y dignidad de todo un pueblo. Es esa “encriptación” a que nos ha conducido a toda una situación contraria a la esencia de lo auténticamente humano y digno. La carencia de voluntad colectiva, la fatiga existencial y a angustia política golpea radicalmente la efectividad militante. Es, pues, necesario una apertura a ver esta realidad actual con el mayor respeto a la complejidad que implica.

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