Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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La sociedad sin violencia

Toda sociedad ha enfrentado el problema de control a problemas causados por violencia. Si el aprendizaje es el mecanismo mediante el cual se incorpora la violencia a la mente humana, ¿cuál es la base que la activa y sostiene? Para algunos científicos sociales es la frustración; para otros, la imitación de modelos violentos en el entorno social y crianza. Otros identifican la base en traumas psicológicos inconscientes desarrollados desde la infancia temprana o eventos estresantes en la vida adulta. Otros modelos psicológicos plantean que se aprende como estilo de vida racional y consciente, instrumento de posicionamiento o territorialidad social y estigma de reputación.

Se aprende violencia de género, doméstica o intrafamiliar, laboral y escolar, criminal, social, de entretenimiento, tecnológica e incluso cultural (legitimada por tradiciones o institucionalizada). No nacemos con odio, envidia, celos, inseguridades, complejos ni traumas, pero los adquirimos mediante experiencias de vida. La violencia se aprende, pero no nace de lo bueno. Se alimenta de emociones negativas y su grado de intensidad depende de la intencionalidad del sujeto. Por su carácter de intencionalidad de daño, muchos autores indican que el concepto de agresión aplica solo a los animales y el de violencia a los seres humanos. Sin embargo, ambos conceptos son multidimensionales y muy complejos como para dejarles en esa simple separación. Por ejemplo, cuando la agresión se torna en violencia injustificada y transgrede leyes sociales entonces hablamos de violencia criminal o delictiva. A los animales no podemos juzgarles como criminales, a los humanos sí.

Todo ciudadano tiene que preguntarse si desea vivir con el nivel de violencia y crimen que su sociedad presenta. La respuesta, moralmente correcta, no debe depender de si el individuo se siente, o no, vulnerable al azote de la violencia. Cuando se es víctima del crimen, ya es otro el camino a recorrer para recuperar y sobrevivir.

La realidad es que todos somos vulnerables y debe contestarse la pregunta desde esta premisa. En el diseño planificado de una sociedad anti violenta y anti criminal, la respuesta correcta, radica la base de un futuro con menos prejuicio, daño y muertes violentas. Para eso se necesita claridad, entendimiento, madurez y voluntad conjunta de pueblo y gobiernos. Algo que hoy parece escasear.


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