Gustavo G. Cortina Rodríguez

Punto de Vista

Por Gustavo G. Cortina Rodríguez
💬 0

La soledad en los adultos mayores durante la pandemia

Hemos escuchado desde que comenzaron las infecciones por SARS-CoV-2, virus que causa el COVID-19, que una de las poblaciones que en mayor riesgo se encuentra son los adultos mayores. En Puerto Rico, se estima que el 20 por ciento de la población tiene 65 años o más. Este porcentaje establece que Puerto Rico es uno de los países con mayor riesgo para esta infección viral. Sin embargo, esta población ha sido invisibilizada y muchas veces tratada sin sensibilidad por muchas personas a nivel mundial. 

La implementación del distanciamiento físico es un paso esencial para reducir la transmisión del virus. Pero ese distanciamiento puede exacerbar variables comunes en nuestros ancianos: soledad, tristeza y depresión. Aunque la soledad y el distanciamiento físico pueden afectar a cualquier persona, independientemente de su edad, los ancianos son particularmente vulnerables, especialmente por las condiciones actuales de la pandemia. 

En Puerto Rico, muchos adultos mayores viven solos o están en hogares de ancianos. Esta población está particularmente en riesgo, debido a diversas razones que pueden incluir movilidad física limitada, mayor vulnerabilidad a infecciones, sistemas inmunológicos comprometidos, deterioro cognitivo, enfermedades crónicas y los tiempos de recuperación para diversas enfermedades son más extensos. Las medidas del aislamiento significan que muchas veces el tiempo es limitado para sus relaciones interpersonales y estas se ven aún más afectadas. Debemos dejar claro que el efecto en cada uno de ellos va a ser distinto, porque dentro de la población de ancianos podemos encontrar diversidad de situaciones. 

El aislamiento social y la soledad no siempre van de la mano. La soledad, a diferencia del aislamiento social, es un sentimiento subjetivo y personal; distinto en casa ser humano. Hay personas que a pesar de estar rodeadas por otros, aún se sienten solos. Esto lo podemos ver durante toda la vida, en distintos escenarios, pero en nuestros ancianos crea muchas veces un sentimiento de impotencia profundo. Esto me hace pensar en nuestros viejos en los hogares de ancianos. Yo visito asilos los fines de semana y es desgarrador poder notar en muchos su tristeza. Ese sentimiento no necesariamente nace de estar en estos hogares, ya que en muchos el cuidado y atención es increíble, pero sino por la falta de comunicación con familiares y amigos que no los visitan o los contactan. He tenido casos que a veces viven a tan solo diez minutos del lugar y van cada tres meses. 

Esto no tan solo se queda en los sentimientos de soledad, sino que los estudios observacionales y correlacionales han indicado que el aislamiento social puede desarrollar un mayor riesgo en ciertas condiciones de salud mental y física como enfermedades cardíacas, hipertensión, ansiedad, depresión e incluso muerte prematura. Además, los cambios por la soledad pueden modificar la rutina diaria y el autocuidado de nuestros viejos. En estos momentos del COVID-19, es importante que los ancianos reciban atención y se les escuche. Algo que he aprendido en mi tiempo compartiendo con los viejos es que es necesario escucharlos, atenderlos y valorar lo que nos dicen; independientemente de quemno tenga una lógica directa para nosotros por enfermedades como Alzheimer y otros tipos de demencia. 

En los hogares, se debe buscar formas de comunicación a través de llamadas telefónicas, videollamadas o desarrollar un protocolo de visitas a través de un cristal, que por lo menos, puedan ver una cara conocida. Les puedo asegurar que pequeños actos hacen la diferencia. En relación a los viejos que viven solos, es importante ser esa mano amiga como vecinos o simplemente como seres humanos. Pregúntele como se siente, si puede ayudar en algo o cuéntele algo. Muchos de nuestros ancianos se sienten aislados de los tipos de actividades que aportan sentido o propósito a su vida, actividades comunitarias, recreativas, de ejercicio o simplemente interacciones sociales que tenían como rutina. Cualquier acto es valioso y significativo. Tenemos que tener en consideración que nuestros viejos valoran más la calidad sobre la cantidad.

Otras columnas de Gustavo G. Cortina Rodríguez

miércoles, 22 de abril de 2020

La inmunidad colectiva no es la respuesta para frenar el virus

Hasta que no comencemos a hacer las pruebas en masa y podamos rastrear y aislar, y tengamos la transmisión del virus controlada, se debe continuar con las medidas de distanciamiento físico y aislamiento, plantea Gustavo G. Cortina Rodríguez

💬Ver 0 comentarios