José A. Franceschini Carlo

Punto de vista

Por José A. Franceschini Carlo
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La solución de Portugal a la crisis de las drogas

Todos sabemos que estamos en una crisis social desde hace mucho tiempo. Sin embargo, tendemos a echar la culpa al problema de salud mental. Les aseguro que en Puerto Rico no hay más problemas de salud mental que en el propio Estados Unidos o el resto del mundo. Se estima que hasta un 30% de la población mundial sufre de algún diagnóstico psiquiátrico. 

Hay que entender que tener un diagnóstico psiquiátrico no nos hace más violentos o incapacitados. Puedo usar mi propio ejemplo, ya que tengo el diagnóstico de Déficit de Atención con Hiperactividad (ADHD) y estoy medicado.  Todos los que me conocen saben que no estoy incapacitado ni soy violento por tener un diagnóstico psiquiátrico. Como yo hay cientos de miles. Así que atribuir los problemas de nuestra crisis social a la salud mental no es correcto. Mientras estemos atribuyendo nuestros problemas a causas equivocadas o a un diagnóstico equivocado, no los vamos a poder mejorar o curar. Siempre les digo a mis estudiantes que lo difícil de ser médico es dar con el diagnóstico correcto, pues si no lo es, por más que lo trates, el paciente no va a mejorar.

La razón del problema de violencia y de gran parte de nuestra crisis social es el narcotráfico y todo lo que esto trae. La guerra contra las drogas comenzó en 1971 con un presupuesto de $100 millones. Hoy ese presupuesto se estima en $50,000 millones, la guerra está totalmente perdida y lo que ha hecho es aumentar la violencia a unos niveles donde nos sentimos impotentes.  

El juez federal Torruella hace más de 20 años escribió un artículo en que reconoce que esa guerra se había perdido. El juez visitó Portugal, donde son legales todas las drogas, y luego, en una conferencia en la Escuela de Derecho de la UPR, afirmó su respaldo a la legalización de las drogas.  Fue la primera vez que oí a una persona de ese nivel hablar sobre legalización para evitar el narcotráfico.

Portugal permite que todo paciente que necesite droga por su dependencia tenga acceso a la misma de forma legal y controlada. Ese paciente se apunta y recibe la droga solicitada. Por ejemplo, un paciente con dependencia a narcóticos recibe la dosis de su droga diaria de forma legal y evita así la contaminación o alteración con otras sustancias, así como intercambiar jeringuillas. Así evita también el narcotráfico y tener que robar o vender drogas para cubrir la dosis que necesita para su enfermedad.

Esto, a su vez, produce una baja significativa de los delitos de robo y los asesinatos por control de puntos; no hay competencia de puntos; y se elimina la necesidad de aumentar el número de policías para combatir el narcotráfico y todos los delitos relacionados. Ese ahorro en la seguridad social se le asigna a centros de rehabilitación, para que todo paciente pueda tener acceso a tratamiento.

Como resultado de lo anterior, Portugal ha experimentado una disminución en el consumo de drogas, en especial entre la juventud, y ha registrado una baja exponencial en la criminalidad en los últimos 15 años. Allí las leyes son sumamente severas contra el narcotraficante. 

Debemos mirar esta alternativa de Portugal, donde se trataría al usuario como un paciente y no como un criminal. Se impediría el narcotráfico que tantos problemas trae. La experiencia en otros lugares del mundo con este sistema demuestra que tiene mucho éxito y beneficios para todos.  


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