Raúl A. Pérez Rivera

Tribuna Invitada

Por Raúl A. Pérez Rivera
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La sorprendente resistencia de la flora nativa

Después del paso del huracán María se han destacado de forma reiterada noticias sobre la necesidad de reforestar nuevamente a Puerto Rico. Sin embargo, esto no es tarea fácil y requiere que se lleve a cabo con sumo cuidado.

Hay muchas áreas naturales que han perdido vegetación, pero no necesitan que se elimine lo que queda para sembrar otro tipo de árboles o plantas. En muchos de estos lugares quedo suficiente vegetación para que el lugar se auto-repare de forma natural.

Estoy de acuerdo de que se necesita reforestar nuestras cuencas hidrográficas porque va a permitir que se recarguen nuestros acuíferos y que se reduzca sustancialmente la sedimentación de nuestros ríos y lagos. Sin embargo, hay que sembrar vegetación que pueda crecer en el tipo de suelo que hay en dichos lugares y que pueda ser resistente al patrón climático de la localidad (temperaturas, precipitación, etc.). Así, que no será apropiado sembrar la misma vegetación a lo largo de la cuenca del lago de Carraizo que el lago Dos Bocas.

También hay que tomar en consideración, el mantenimiento que necesite la vegetación. Las plantas pequeñas (3-4 pies) requieren mayor cuidado que plantas grandes (10-14 pies).  La generalidad es que entre más grande sea la planta, menor es la probabilidad de que esta muera, particularmente, por efecto de poca lluvia o por que la cubran bejucos. Otro aspecto que debe tomarse en consideración es la resistencia que puedan tener estas plantas a condiciones extremas (lluvias o sequías). No menos importante es la utilidad de estas plantas para la vida silvestre, en particular para las aves.  

El huracán María causó destrozos en nuestra vegetación. Sin embargo, la vegetación nativa y endémica resistió mejor que mucha de la vegetación introducida o exótica. En áreas urbanas sobrevivieron muy bien el Ucar (Bucida bucerasCalophyllum brasiliense), el Roble Nativo (Tabebuia heterophylla) y la Palma Real (Roystonea borinquena). Los primeros tres perdieron principalmente, hojas y ramas, pero la mayoría se mantuvo erguido.

Los árboles de estas especies que no permanecieron fueron sembrados en lugares inadecuados (anegados o con poco espacio para producir un sistema apropiado de raíces). Lo mismo se puede decir de la Palma Real. Aunque muchas perdieron todas sus hojas, ahora mismo se pueden observar con hojas nuevas. Cabe señalar que la Palma Real fue una de las pocas especies que luego del huracán mantuvo panículas con flores y frutos, de los cuales dependieron más de 20 especies de aves.

Entre las plantas introducidas que tuvieron un alto grado de supervivencia encontramos al Flamboyán (Delonix regiaLagerstroemia speciosa), la Palma Adonidia (Adonidia merrillii) y los cetos de Cruz de Malta (Ixora coccinea) y de pavona o hibisco (Hibiscus rosa-sinensis), que se encontraban particularmente entre viviendas.  La Cruz de Malta mantuvo flores y frutos luego del huracán y sirvió como fuente de alimento a zumbadores, reinitas y reinas moras y como lugar para pernoctar o dormir a casi una docena de especies.  

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