Jaime Lluch

Punto de vista

Por Jaime Lluch
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Las pandemias en Marsella (1720) y Puerto Rico (2020)

Ya van dos meses de encierro: podemos decir que aquí se ha sometido a la población a uno de los encierros más prolongados y estrictos de cualquier democracia liberal. Sin embargo, sabemos más de lo que pasa en algún rincón del universo a millones de años luz que del comportamiento del virus aquí. En el aeropuerto no hay cuarentena obligatoria de 14 días para toda persona que entre, como la hay en países de la Unión Europea. No hay ningún sistema de rastreo de contactos para los que han tenido el virus, ni se le ha dado rastreo a los “recuperados” a ver si han desarrollado anticuerpos. No hay datos sobre cuántos se han “curado” y las pruebas son un misterio. Se está procediendo a reabrir la economía, pero guiado por un gobierno que toma sus decisiones consultando a las estrellas y parece escuchar únicamente al gran capital y a sus “economistas” afines, y no a la mejor ciencia disponible. Mientras tanto, Estados Unidos va de camino a romper todos los records de contagiados y muchas personas van a sufrir innecesariamente debido al federalismo anti-salubrista de Trump, y eso nos afecta directamente.  

¿Cómo se puede explicar toda esta incoherencia en la gestión gubernamental del virus? Si queremos ser superficiales, podemos hacer uso de “análisis” sobre personalidades u obviedades y caprichos del lodazal político.  Pero si realmente queremos explicarlo, podemos utilizar el análisis histórico-comparativo: me refiero al lúcido ensayo de Brian Melican que recientemente escribió comparando el manejo de pandemias pasadas en Marsella (1720), Hamburgo (1892), y Östersund (1918) con el COVID-19.

Marsella en 1720 sufrió el embate de la última ola de la pandemia en cámara lenta que originó como la peste bubónica en 1347. Para el 1720, sin embargo, Marsella había construido un sistema elaborado para evitar que la peste llegara a esta magnífica ciudad portuaria, que tenía relaciones comerciales con el Levante, epicentro de la peste (Melican 2020). Tenía una red de cónsules a través del Mediterráneo que alertaban sobre dónde surgían brotes de la peste. Los barcos que querían entrar al puerto de Marsella que eran sospechosos de portar la peste se mantenían en cuarentena en la pequeña Île Jarre. Además, todos los barcos tenían que hacer escala en Frioul, un archipiélago rocoso justo antes del puerto y observar cuarentena por 18 días.  O sea, que se estaba haciendo en Marsella lo que no se está haciendo en el aeropuerto aquí.

¿Pero, qué pasó y cómo la peste pudo entrar en Marsella?  Se debe a un clásico conflicto de intereses comerciales versus el deber cívico de cuidar la población. Los échevins (gobernantes) de Marsella eran de la aristocracia mercantilista de la ciudad. En 1720, al barco Grand-Saint-Antoine, a pesar de ser sospechoso, se le permitió dejar su carga en el puerto, ya que los intereses económicos de los gobernantes (algunos eran co-propietarios de ese barco) se impusieron al imperativo cívico salubrista. Así fue como entró la peste a Marsella en 1720 y mató a 50,000 personas de una población de 80,000 (Melican 2020). Aquí también se está sobreponiendo un interés económico mientras se desatienden los seis criterios básicos para reabrir de la Organización Mundial de la Salud.

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