Marieli González Cotto

Punto de Vista

Por Marieli González Cotto
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Las pastillitas de solidaridad

La doctora Roberta Lugo, epidemióloga clínica, es coautora de esta columna. 

Luego de escuchar que Estados Unidos se ha declarado en estado de emergencia nacional, al día siguiente vi mi Instagram lleno de “stories” de puertorriqueños en pleno jangueo. Ahora estoy preocupada de que en los próximos días en la isla aumenten las estadísticas de más casos positivos de COVID-19. Entonces, a esos que disfrutaban del ocio en medio de la pandemia sus conciencias los confrontarán. 

Entre meme y meme, y la garganta seca, que muy bien puede causar el cambio de temporada, se asomará la duda sobre si esa dolencia es producto de la nueva cepa del coronavirus o una simple alergia. Sin embargo, lo que sí debe preocuparle a la gente joven en estos momentos no debe ser la presencia de un síntoma físico sino de la carencia de uno social: la solidaridad.

Para ser solidarios ante una pandemia en plena era moderna, donde la información sobreabunda y el internet aguanta todo lo que se le suba, no se requiere de tantos datos. Tan solo hace falta la información correcta. Mientras el gobierno y las redes sociales al fin riegan la necesaria medida del “distanciamiento social”, sepa usted que también pone en riesgo a los demás si visita su médico o sala de emergencia por una sospecha infundada de posible contagio de COVID-19. 

Ahora bien, aunque no recomiendo el autodiagnóstico, ese que algunos dominamos muy bien frente al teléfono móvil, en tiempos de pandemia un poco de discernimiento no viene mal. Afortunadamente para todos, los médicos y científicos tienen una idea sobre qué síntomas ameritan una emergencia en cuanto a contagio de COVID-19 en una persona sin condiciones preexistentes.  

De acuerdo con la epidemióloga Roberta Lugo, los síntomas adicionales a fiebre y tos seca, son los siguientes:

1-    dificultad respiratoria o falta de aliento

2-    presión o dolor de pecho persistente

3-    labios o cara azulados 

4-    dificultad para despertarse o muestra señales de confusión en su comportamiento

¿Ahora bien, cómo pone usted en riesgo a otros si va al médico por puro chiste o por no tomar el tiempo de informarse utilizando las fuentes correctas? 

Imagine este escenario: Ya de por sí, presentarse a una sala de urgencias significa que ni usted ni los demás están socialmente distanciados. Aun así, la recepcionista le toma los datos, inmediatamente después de realizarle la misma tarea a una persona que luego resultará positiva al COVID-19. 

Minutos después, le toman los signos vitales, tiempo muy valioso de estos profesionales que muy probablemente cuidan a personas que sii están críticamente enfermas. Si todavía no le han dicho que se vaya para su casa, ahí estará usted tomando el espacio y turno de alguna persona que sí está en mayor riesgo. Todo sin mencionar el trabajo extra que usted propició a los profesionales médicos, poniéndolos en riesgo de que, por cansancio o desenfoque, tengan un desliz en sus protocolos de protección. Todo para tener luz verde para irse a “janguear”, refrescar su estado en Facebook o tomarse una foto con suero para su Instagram.

El distanciamiento social no es una receta para el enfermo, es para todos. Por si no lo sabía, según la doctora Lugo, una persona con COVID-19 puede contagiar, en promedio, de 2 a 2.5 personas. 

En Puerto Rico he visto a un pueblo, jóvenes y viejos, que en diferentes circunstancias ha dado cátedra al mundo de lo que es ser solidario. Mantengamos esa reputación. 

Como dijo un médico español que recientemente se hizo viral en las redes sociales, cuando imploraba a los jóvenes que se educaran y dejasen las ñoñerías: “¡Tomémonos unas pastillitas de solidaridad!”

Si cree que tiene algún síntoma sospechoso o desea saber sobre el adecuado manejo de su posible condición de salud, busque información en los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades en su página en línea  www.cdc.gov o llame al 1-800-981-0023

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