Ana Teresa Toro

Punto de Vista

Por Ana Teresa Toro
💬 0

Las perras y el poder

Ayer el analista radial Luis Dávila Colón, en su espacio El Azote de WKAQ Radio, se refirió a la alcaldesa de San Juan Carmen Yulín Cruz como “la candidata más corrupta, más perra, más inmoral que hay en Puerto Rico”. Es harto conocido el desprecio de esta personalidad radial por la figura política que representa Carmen Yulín Cruz. 

Ideológicamente ambos personajes se ubican en los extremos opuestos más dramáticos del espectro político del país, pero más allá de eso, la animosidad con la que el analista lleva años criticando a la alcaldesa refleja una serie de fisuras y entrelíneas que hablan más de nuestro tejido social que de una diatriba radial. 

Al poco tiempo de emitir sus comentarios, Dávila Colón se disculpó al aire y horas después utilizó sus redes sociales para disfrazar de disculpa una serie de justificaciones a su acción. Me explico.

Cualquier disculpa que empieza con “si ofendí a alguien”, tiene como base una falta de entendimiento total de la ofensa. Es un perdón que coloca la responsabilidad en los injuriados. No es una disculpa

El analista además recurrió al diccionario para explicar una acepción en español del uso de la palabra “perra” o “perro” al referirse a un político. Olvida el comunicador quien, como todo obrero de la palabra debería saber esto, que los diccionarios documentan aquellas acepciones que ya tienen probado y largo arraigo en la sociedad. Un diccionario viejo no recoge ni es vocero de la contemporaneidad. El lenguaje es maleable, creativo, es un ente vivo y las definiciones tienen más que ver con la cultura y la calle que con las palabras fijadas en un libro de referencia. A su vez, es absurdo no tomar en cuenta los regionalismos. Lo que en México tiene una connotación, en Argentina o en España tendrá otra. De manera que un diccionario general —y pasado de fecha— no es una referencia válida para justificar el uso de un epíteto que en el Puerto Rico del 2020 todos sabemos lo que significa. 

Por otro lado, hay que hacer notar que la palabra “perra” pertenece al largo catálogo de insultos que han sido resignificados y rescatados por las mujeres —y por grupos marginados desde una lectura de lo femenino como son las comunidades LGBTTQ y transgénero— como una palabra que puede incluso representar la intención opuesta y ser símbolo de poder. Pero esto únicamente funciona si lo dice el sector social marginado, jamás si sale de la boca del grupo agresor por excelencia. Un ejemplo similar ocurre con la famosa “N Word” en los Estados Unidos. Cuando un grupo social ha sido vejado desde el lenguaje, el ejercicio de reapropiación y empoderamiento a raíz de un insulto le pertenece únicamente a quien ha sido victimizado. Sí, importan las palabras y también importa quien las dice. 

Sobre todo porque las palabras no se las lleva el viento, el lenguaje es poderoso, diseña modos de ver y pensar. El uso de diminutivos para referirse a las mujeres en la política —y en general— y el uso de epítetos están al servicio de empequeñecer el rol de la mujer en el poder. La obsesión de este señor con la alcaldesa es un reflejo más de la profunda incomodidad que genera en la cultura la existencia de una mujer fuerte en el poder. Tras el filtro de las diferencias políticas, asoma el orden patriarcal rasgándose las vestiduras. La desesperación es evidente. Más allá de lo político, del debate y los insultos está lo concreto. La degradación de la mujer desde el lenguaje lleva a su degradación social y esto tiene consecuencias claras en todos los aspectos de su existencia. Empiezan llamándonos perras y terminan tratándonos como animales, ahorcándonos con el violento collar de su misoginia. 


Otras columnas de Ana Teresa Toro

lunes, 3 de febrero de 2020

Territorios, lentejuelas y banderas

La inesperada aparición de la bandera puertorriqueña en la vestimenta de Jennifer López, entre otros símbolos, invita a una lectura política del espectáculo más pop del año

lunes, 3 de febrero de 2020

32 de enero

El cansancio colectivo que ha generado la intensidad de los eventos noticiosos de este mes de enero de 2020, sirvan como catalítico para la reafirmación ciudadana que el país necesita

jueves, 23 de enero de 2020

Llerandi: nadie muere por un grito y una cacerola

A raíz de la indignación de la ciudadanía expresada en cacerolazos y gritos en un café de la capital han regresado los llamados a una supuesta paz que no es otra cosa que sostener el statu quo, plantea Ana Teresa Toro

lunes, 13 de enero de 2020

¿Quién confía en el gobierno?

Ana Teresa Toro señala que la resistencia de la ciudadanía a entregar suministros a las instituciones oficiales para su distribución evidencia la profunda grieta de escepticismo y desconfianza en el gobierno

💬Ver 0 comentarios