Brenda Torres Barreto

Punto de Vista

Por Brenda Torres Barreto
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Las playas y la responsabilidad social

Como suele ocurrir luego de lloviznas en áreas propensas a inundaciones, las playas cristalinas de Condado recibieron este fin de semana una fuerte descarga pluvial.  Su color marrón oscuro, en contraste con el azul turquesa que apenas nos acostumbrábamos a ver como resultado de la cuarentena, estremeció a todos.  

Las dudas inmediatas que nos surgen sobre la naturaleza, pureza y peligro se sustentan. Estas aguas provienen de cada esquina de nuestras ciudades. Son el resultado de las actividades que llevamos a cabo y de la operación de la infraestructura del agua, su alcantarillado y la tubería sanitaria. Si las actividades que nosotros llevamos a cabo son irresponsables, den por seguro que la descarga será una cuestionable y, quizás, no apta para bañistas.  Por otro lado, si la infraestructura del agua no está operando en óptimas condiciones y no ha sido reconstruida luego de impactos severos por desastres naturales, lo más seguro es mantenerse lejos de estas descargas.  

Para solucionar este dilema es imperativo que los municipios pongan su empeño en lograr un manejo de desperdicios sólidos inteligente; uno que eduque y desarrolle protocolos para que sus residentes reduzcan, reúsen, reciclen y depositen el material descartado en donde sea correcto. Una educación que establezca tajantemente claro cómo todo tiene una consecuencia y que las cunetas, aceras, estacionamientos y la arena de playa no son extensión del basurero. En otras palabras, una política pública equipada con presupuesto e incentivos hacia un plan de educación para todas las edades, un recogido y transporte de desperdicios sólidos predecible y equipo residencial y comercial que sirva para la segregación de materiales.  

El plumaje de descarga citadina de este fin de semana ha sido visto en varias ocasiones por los pasados años. Sin embargo, esta vez, mientras a nadie se le permite entrar a las playas por órdenes dirigidas a evitar el contagio por el COVID-19, mientras las playas se regeneran por la ausencia de actividades nocivas a los ecosistemas costeros, y mientras estos espacios sirven de hábitat crítico para especies en peligro de extinción como es el tinglar, no nos queda de otra que retomar el reclamo de exigir un manejo responsable de nuestras ciudades y su infraestructura. 

Esto es posible a través de la inversión en proyectos que respondan al colapso de la infraestructura del agua por los huracanes Irma y María en el 2017. Estos proyectos tienen fondos asignados y están identificados por los planificadores e ingenieros de cada municipio y agencias del gobierno central. Estos profesionales de la infraestructura deben alinear y liderar esfuerzos desde adentro para lograr el comienzo de las mejoras y reconstrucción. Toda acción en pro de estos proyectos de infraestructura del agua debeconsiderarse como un servicio esencial para Puerto Rico.

Durante el tiempo de cuarentena los ciudadanos debemos asumir nuestra responsabilidad de evitar el contagio a través del distanciamiento y las mascarillas. Debemos disponer de manera adecuada de los guantes, aceites de cocinar y otros desperdicios. De manera paralela y segura, municipios y gobierno central deben acelerar la agenda de reconstrucción y corregir las negligencias ya señaladas por demandas federales, como son las descargas en la playa del Condado y las ineficiencias en el manejo de la infraestructura del agua, particularmente en esta zona.

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