Jaime Aponte Ortiz

Punto de vista

Por Jaime Aponte Ortiz
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Las repercusiones de aplazar el cuidado médico

Probablemente usted tenía algún estudio, cita, o procedimiento médico pautado en este periodo que se pospuso sin nuevo aviso. La crisis desatada por la pandemia del COVID-19 ha comprometido estos servicios en muchas partes del mundo. No hemos alcanzado el pico de incidencia en Puerto Rico ni los Estados Unidos. Controlarla es prioridad. Sin embargo, el impacto al sistema trasciende al coronavirus. Muchos servicios de salud se están posponiendo justificadamente para prevención de contagio y preservación de recursos. Esta situación plantea varias preguntas y retos: ¿cuáles serán las repercusiones de aplazar cuidado médico? ¿Qué medidas deben tomar los líderes en salud para abordarlas? Los propósitos de esta columna son definir la prioridad en cuidado para distintas condiciones y abordar algunas de estas interrogantes.

La prioridad en atención y diagnósticos se clasifica en: urgente, emergente y electivo. Urgentes son casos que deben atenderse en un periodo no prolongado para prevenir una complicación. Emergente consiste en condiciones que representan un riesgo a la vida requiriendo atención inmediata. Electivos son procedimientos de cernimiento, evaluaciones de seguimiento para condiciones crónicas, o manejo de alguna condición no aguda que no requiere atención inmediata.  Debido a la cancelación de procedimientos electivos, la prioridad de atención actual podría afectarse negativamente, abonando a la sobrecarga futura del sistema. Condiciones pautadas para tratamiento electivo durante este periodo, podrían presentarse posteriormente de manera urgente o emergente.  

En estos momentos, muchos centros que ofrecen cuidado a condiciones crónicas, diagnósticos tempranos y servicios de prevención están cerrados. Ejemplos incluyen centros de estudios radiológicos, oficinas de dentistas, entre otros. Pruebas como colonoscopías y mamografías se han pospuesto. Los resultados a largo plazo de estas intervenciones se afectarán negativamente. En muchos casos se diagnosticarán y tratarán condiciones en estadíos más avanzados. Esto empeora los pronósticos, acarreando mayores esfuerzos en tratamiento y costo.  

Otras secuelas que podemos anticipar incluyen: empeoramiento de condiciones crónicas, falta de optimización de medicamentos, efectos adversos por su mal uso y recaídas. Por ende, es necesario recalcar que la comunicación con el médico, sobre todo el primario, es esencial. Pacientes con sospechas de condiciones catastróficas deben reanudar sus pruebas diagnósticas. Muchas condiciones crónicas, la salud mental, terapia física y el cuidado obstétrico requieren continuidad. El efecto aditivo de esta pausa nos obliga anticipar el aumento en carga que se avecina una vez atendida la pandemia. 

En conclusión, el impacto al sistema de salud de esta pandemia trasciende a los pacientes contagiados con COVID-19. La preparación ante la crisis debe considerar estos casos a largo plazo, pues son consecuencia directa de la pandemia. Como dijo el doctor Fauci, líder de los esfuerzos en Estados Unidos, “el virus determina el tiempo” en cuanto a los esfuerzos contra el mismo. Difiero. El virus existirá, pero nosotros seremos dueños de nuestro tiempo mientras atendamos la crisis de frente, aceptando nuestras limitaciones, uniendo esfuerzos, previniendo, anticipando, optimizando nuestros recursos y trabajando duro.  


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