Jorge Bauzá

Punto de vista

Por Jorge Bauzá
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Las salinas sin sal

El océano conecta y controla todo. Lo que está pasando en el polo norte a 8,000 kilómetros de distancia de Puerto Rico lo estamos sintiendo en las salinas de Cabo Rojo. Un denominador común que comparten la erosión y pérdida de playas en Rincón y Loíza. El ascenso diario en el nivel del mar no lo vemos -solo los sensores- pero lo lamentamos con noticias como lo es la desaparición de una industria cultural, histórica y emblemática. De un ecosistema de alto valor ecológico y recreativo. 

¿Exactamente qué es el aumento en el nivel del mar?  El ascenso es producto del calentamiento gradual que venimos experimentando en el planeta. Calor que se transfiere a las capas polares y las derrite. Lo que era hielo ahora es agua que va al mar y aumenta su volumen. El agua también se expande cuando se calienta, aumentando de altura. Ambos factores traen como consecuencia un aumento en el nivel del mar, fluctuante pero consistente. 

¿De cuánto estamos hablando? Existen varios estimados para Puerto Rico, pero en resumen hablamos de un promedio de 3.3 milímetros por año, más o menos. Esto es igual a la altura de un grano de arroz corto con cada vuelta al sol. Parece poco, pero cuando se combina con las olas y mareas huracanadas, las marejadas producto de las tormentas invernales y otros fenómenos oceánicos poco estudiados, entonces se convierte en un alza colosal. Se convierte en un litoral sin playas, en un salitral sin sal.

Científicos, políticos, estudiantes y otras personas se reunieron el pasado mes de agosto en Borgarfjörður, Islandia, para lamentar la desaparición del glaciar Okjökull y colocar una placa conmemorativa que sirva de concienciación y advertencia contra el calentamiento global. La desaparición de ese glacial la estamos sintiendo en las salinas de Cabo Rojo. Creemos conciencia. 

Las salinas de Cabo Rojo son un lugar mágico como ningún otro, que combina todo lo que un visitante puede anhelar en un paseo. Una historia cultural de 500 años de antigüedad encapsulada en una era de alta tecnología. Una compuerta, un cuajadero, el sol y mano de obra. Hoy día la sal se utiliza para la industria farmacéutica, para la ganadería, para la purificación de agua. Pero en pasado era la forma de conservar los alimentos, de sanar y de curar las heridas.

Ecológicamente ni hablar. Cientos de especies de aves migratorias y residentes se alimentan y dependen de las salinas. Ecosistemas costeros como los manglares, las playas arenosas, la hermosa Playuela, la costa rocosa y los herbazales marinos también son partes que interaccionan con las salinas, todos adaptados a un medio ambiente común. Además, el ser humano necesita recrearse, divertirse, meditar y socializar; necesita el contacto con lo natural. Un beneficio intangible que proveen las salinas de Cabo Rojo, gratuitamente. Parece que esto va a cambiar.

El mar ahora llega a su merced y no de forma controlada por compuertas. Ahora no es una salina, sino un brazo de mar. Cambios y más cambios. Parece que esta será la tendencia y el escenario a manejar. Aunque podemos intervenir: de inmediato, podemos crear barreras naturales, semi-artificiales o combinadas para detener la entrada del mar. Necesitaremos recursos, ingenieros, científicos y plata. 

Las salinas de Cabo Rojo son un valioso recurso, que hoy nos habla. Nos dice que debemos pensar y actuar diferente de cómo consumimos actualmente. Que debemos reusar y reciclar. Que debemos consumir menos energía fósil y más de la natural que proveen el viento, el sol y el mar. Fortalecer nuestros recursos naturales para que estén saludables y aptos ante los cambios climáticos.  Que tenemos que intervenir, con la acción y no con el lamento.

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