Jorge Colberg Toro

Tribuna Invitada

Por Jorge Colberg Toro
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Las tertulias de Rafael

Conocí a Rafael Hernández Colon de niño, mientras acompañaba a mi padre, Severo Colberg, a una visita a Ponce. Para mí fue un momento inolvidable porque se trataba del sucesor de Luis Muñoz Marín y eso, en mi casa, era sagrado.

Luego lo veía, esporádicamente, en la sede del PPD o en su oficina en el edificio Belén en Guaynabo, donde mi papá y él se reunían con bastante frecuencia. Recuerdo que mientras esperaba afuera, el exgobernador siempre salía a saludar y preguntarme cómo iba en la escuela.

Más adelante, tras la muerte de mi padre en diciembre de 1990, Hernández Colon nos invitó, a mis hermanos y familia, a La Fortaleza a firmar una ley - de la autoría de Antonio Fas Alzamora - que le otorgaba el nombre de mi papá a la nueva escuela de Cabo Rojo. Ese día nos dijo que siempre estaría para nosotros y así mismo fue.

Desde ese momento en adelante, literalmente, le tomé la palabra. Comencé a visitarlo y conversar con él, inicialmente, para oír anécdotas de Severo ya que por ser el menor de seis hermanos, sentía que era el que menos tiempo había tenido en vida de compartir con mi papá y de esa forma, confieso - al escuchar a Hernández Colon - me sentía más cerca de mi padre.

Desarrollamos una amistad que se extendió por 20 años, al punto que no recuerdo decisión trascendental en mi vida pública que no le haya consultado. Hernández Colon era un hombre bueno, en todo el sentido de la palabra; disciplinado, responsable, honesto y brillante. Le fascinaban las tertulias y aunque perdí la cuenta, en todas había historias de su vida con Muñoz, del Partido Popular y, como él decía, de la “brega” política.

Contaba anécdotas, sus vivencias en las campañas y el gobierno; pero lo más que disfrutaba era contarme las “maldades de Severo” que parecían no tener fin. Reía a carcajadas y un día en su casa, al despedirnos, mientras suspiraba con mirada al cielo, me dijo: “Severo era mi leal amigo. Nunca incumplió una encomienda; no sabes la falta que me hace”.

Hernández Colon fue un autonomista pragmático y aunque muchos injustamente lo llamaban inmovilista, al repasar la historia, vemos que en los momentos en donde más se adelantó el desarrollo del ELA - el Nuevo Pacto y el proceso congresional de 1989-91 - fue bajo su presidencia.

Dejó un país mejor del que recibió, con obra creadora y ejemplo de vocación. Llevó al Partido Popular a triunfos históricos y nos levantó de la derrota, con tesón y convicción. 

Hoy lloramos su partida, pero agradecemos a Dios por su vida. 

Rafael, gracias por tus enseñanzas, tus sabios consejos y tu amor a la Patria. Cumpliste con honor la encomienda de Muñoz. Y ahora, de los brazos del Creador, sé que comienzas una nueva tertulia, esta vez, junto a don Luis, don Miguel y Severo, quienes te abrazan hasta la eternidad…

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