Víctor Rivera Hernández

Punto de Vista

Por Víctor Rivera Hernández
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La supervisión laboral a distancia

Por años nos hemos acostumbrados a ver y a vivir los cambios desde el escenario de la certeza y de la certidumbre. Muy poco se ha dicho y se ha vivido en relación a los cambios que se producen en un ambiente de incertidumbre, de inestabilidad y de emergencia, como el que hoy se vive en el mundo entero, a raíz del COVID-19.

Aunque hace algunos años se han producido cambios paulatinos que implican dejar de trabajar como cotidianamente se conoce, la situación mundial que hoy nos afecta ha obligado a una disrupción abrupta y a una transición forzosa para la cual la mayoría de los recursos humanos y las empresas no están preparadas. 

Uno de los cambios a los que nos ha expuesto el COVID-19 consiste en la necesidad de plantearnos y/o replantearnos el trabajo remoto como una opción y una respuesta tanto a la emergencia como a la cotidianidad. Ese cambio nos enfrentará a consecuencias sociales, psicológicas, organizacionales y legales que habrá que sopesar, analizar y trascender, para enfrentarnos con éxito al mundo post pandémico.  

El trabajo remoto, constituye un cambio medular para el centro de trabajo y para el recurso humano, pero también para los bienes y servicios que rinden las empresas. Para poder enfrentar este nuevo escenario, la empresa privada y pública tendrá que trabajar primero con su capacidad gerencial, tecnológica, de equipo y herramientas de trabajo, y con cambios importantes en los procesos de gobernanza, desarrollo, evaluaciones de desempeño, medidas disciplinarias, productividad y resultados.  

En esta nueva ecuación hay un elemento que no ha sido mencionado y que requiere particular atención. Es la supervisión del trabajo remoto. No podemos olvidar que la supervisión en ambientes presenciales ha enfrentado grandes problemas de funcionalidad y operacionalidad, y que la misma constituye en pasivo para muchas empresas. Ese fracaso en la supervisión presencial, levanta una bandera roja en el éxito que pudiera tener la supervisión en un escenario de trabajo a distancia. Por lo tanto, si no se estructura correctamente los contornos de la supervisión a distancia o remota, el trabajo a distancia como opción y modelo futurista del mercado laboral, fracasará. Urge definir cómo se estructurará el modelo de supervisión, sea esta a distancia, presencial o híbrida. 

La supervisión dentro de un ambiente de trabajo remoto, no puede ser un cliché, un cheque en blanco o una mera cuestión de fe. La supervisión, para ser efectiva en la ecuación del trabajo remoto, tiene que incluir nuevos paradigmas que fortalezcan y amplíen la fase supervisora, y que mejoren elementos de productividad, de calidad y de resultados, los cuales al fin y al cabo son los que definen el éxito empresarial. En la supervisión en un ambiente remoto será indispensable también articular valores inequívocos de gobernanza, responsabilidad, honestidad, cumplimiento, monitoreo y confianza, tanto de la  empresa, como de los recursos humanos. Ese proceso de supervisión, requerirá a su vez de un supervisor líder, presente aun en la virtualidad, competente, creativo, humano, tecnológico, con carácter y literalmente “fuera de la caja”.  

La supervisión en el escenario del trabajo remoto, presupone también la necesidad de nuevos procesos de aprendizaje y desaprendizaje, ya que sacará al relieve diversas y nuevas formas de trabajar, de comunicar, de delegar, de innovar, de tomar decisiones, de disciplinar, y de gerenciar recursos y procesos. El futuro es ya. Enfrentamos una nueva realidad mundializada donde el trabajo y la supervisión a distancia, serán parte de nuestro nuevo repertorio de vida personal, empresarial y de país. 


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