Eudaldo Báez Galib

Punto de vista

Por Eudaldo Báez Galib
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Las y los columnistas: el peligro panfletario

     Por más de cuarenta años se me ha permitido publicar columnas en la prensa escrita—privilegio incalculable. Lo que me ha hecho, además, ser lector de columnas y reacciones.

     Traigo el tema porque en Puerto Rico el columnismo se ha convertido en importante medio de comunicación. Ha adquirido lectores de todo sector social, evidenciado por las conversaciones en “medios sociales”, radio y televisión y los comentarios de lectores consignados al calce de cada columna. 

     Afortunadamente, y lo subrayo, su mal uso no ha prevalecido en la Isla, es excepción, aun cuando estamos expuestos al incrementado mal uso por algunos medios estadounidenses.

     Esa ascendencia trae el momento para que preventivamente adquiramos conciencia del impacto que las columnas pueden tener en la sociedad. Pues a diferencia de quienes analizan variados temas en radio y televisión—afectados por ratings, patrocinadores, sean financieros o ideológicos— y a la competencia de otros analistas, quienes opinan en papel y tinta son libres de esas presiones.

     Sabemos que las y los columnistas no son periodistas, y como tal no les aplica su ética. Una que descansa en la recopilación de la verdad y su transmisión honesta. El o la columnista opina. El o la periodista informa. 

     Ese columnismo se distribuye, en su función opinante, entre los que analizan neutralmente, los que anunciada y abiertamente favorecen una postura y los que intentan el análisis con prejuicio o desatino. Es al lector a quien le corresponde calificar, y al o la columnista desnudarse intelectualmente. 

     El peligro obra en otra dimensión. La del panfletista. Utiliza el columnismo para adelantar causas. Forja una pantalla de neutralidad como gancho para esa causa, sea política, religiosa, comercial o social. Con el síndrome de “gato y liebre”, en año electoral no sobra cautela.

      Someto, entonces, como aperitivo, lo planteado por el periodista y filósofo Jean-Francois Revel, laureado exeditor de L’Express (París), que “hoy como ayer, el mayor enemigo del ser humano está profundamente dentro de él. Pero el enemigo ya no es el mismo. Antes era la ignorancia, hoy es la falsedad”. Y nos hace recordar que “en la democracia, las leyes garantizan la libertad de expresión… pero no garantizan infalibilidad, talento, competencia, probidad, inteligencia o la verificación de hechos...”, aconsejando que “eso le corresponde al periodismo”.

     Ahora bien, aunque los y las columnistas no son periodistas, dependen del periodismo. Son, tal vez, un “valor añadido”. Y aunque la función no es informar, que es opinar, hágase, en cualquiera de sus cualificaciones, para mejorar, no para desinformar o exacerbar.  Pues “la falla suprema en el periodismo no es defender una opinión, es defenderla sin parecer que la defiende”, concluye Revel. 


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