Celia de Lourdes Feliciano

Tribuna Invitada

Por Celia de Lourdes Feliciano
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Latente riesgo de epidemia

No existe rincón en Puerto Rico que el huracán María no haya afectado. Los que amamos este terruño tenemos el deber y la responsabilidad de trabajar juntos para levantar el País. Una de las prioridades es la salud.

En las emergencias, como la que vive Puerto Rico, surgen brotes de enfermedades. Sabemos que actualmente hay un brote de conjuntivitis. Tenemos muchos refugiados, no están restablecidos los servicios de acueductos y alcantarillados ni de energía eléctrica, por doquier quedan escombros y la población está expuesta a condiciones de poca salubridad, ya sea en su trabajo o comunidad.

Pero, el problema no es que hayan brotes; sino que se convierta en una epidemia. Según el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) la epidemia es un brote (incidencia de una enfermedad en un número mayor de personas que lo esperado, en un momento y lugar determinados) que afecta una región más grande o a un país.

Para controlar un brote se deben colocar todos los recursos a disposición de la salud del pueblo. En este caso tenemos a cientos de optómetras dispuestos a ayudar para tratar y detener el brote de la conjuntivitis, pero la ley que cobija esta profesión en Puerto Rico no lo permite.

Hace un año el gobierno federal anunció, a través del CDC, el Federal Trade Commission, y el Departamento de Justicia de Estados Unidos (División Antimonopolios), que PR es la jurisdicción número uno en la nación Americana en casos de ceguera entre adultos. Sería más que vergonzoso, desgarrador, que ahora las cifras se eleven e incluyan a los niños.

Además de la conjuntivitis, miles de puertorriqueños padecen de dolor ocular o alguna enfermedad de los ojos y, tras los daños ocasionados por el huracán María, muchos no pueden salir de sus pueblos para buscar y recibir tratamiento. Por tanto, se complica y empeora el acceso para recibir ayuda de salud ocular.

La Isla cuenta con doctores en optometría capacitados con la misma preparación académica que sus colegas en Estados Unidos. Sin embargo, la ley que rige nuestra profesión aquí desde hace más de 30 años, nos prohíbe ejercer como nuestros colegas en Estados Unidos y en países de avanzada como Canadá. No podemos recetar ni en circunstancias como éstas para ayudar a salvar la salud de un pueblo y detener una posible epidemia.

Es momento de enmendar la ley para que nos permita recetar medicamentos para tratar enfermedades de los ojos. Puerto Rico tiene doctores en optometría en 74 de los 78 municipios y muchos hacen visitas al hogar. El acceso a un optómetra siempre es más fácil.

Ante la situación que vivimos hay que enmendar la ley que rige la profesión de la Optometría en Puerto Rico, con carácter de urgencia. No debe haber más burocracia envuelta en este asunto. Como se trata de seguir trabajando en conjunto con los oftalmólogos y todas las especialidades de la Medicina y otras profesionales de la salud, no debe haber oposición a un asunto que beneficia a Puerto Rico. Si hubiera alguna oposición, el pueblo no debe olvidar jamás, quienes no desean su bienestar.

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