Juan Negrón Ocasio

Desde la diáspora

Por Juan Negrón Ocasio
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La teoría del ¡Ay, bendito!

La matemática es precisa. No falla. Los economistas profesionales explican que la economía es simplemente sumar y restar. Se hacen los cálculos de entradas de capitales y se restan al balance gastos. Naturalmente, la tabla de la economía de un país es mucho más complicada de cuadrar que una chequera personal, pero se sigue la misma regla elemental, y esa es tarea de los que reciben un buen sueldazo gubernamental. Tendría que estar regida la enumeración por un sistema de “balance” del presupuesto que conllevaría las inversiones, deudas, dividendos, gastos y entradas.

Para los gobiernos que han pasado por Puerto Rico, estadistas y populares, nada de eso es factible. Sueñan profundamente que con su ¡Ay, Bendito! el estadounidense le resolvería sus quejas financieras. Si la memoria no falla, hace poco el presidente conjeturó que, “el gobierno de Puerto Rico quiere que le hagan todo”. Tenía cierta razón. Es demasiado amplio el cielo para cubrirlo con una mano, y gran parte de la población puertorriqueña intenta hacerlo por ideas partidistas medievales. El mundo gira y hay gente atascada que se marea irresoluta observándolo como un carrusel.

¿Qué tendrá que suceder en la isla para que los puertorriqueños aviven, darse cuenta que los políticos en los que creen son una ficción? Para resolver la situación económica en la isla hay que ser eficaz y atacarla con lo práctico. El gobierno actual le está dando el “run around the bush” a los estadounidenses para ver cómo se independiza de sus deudas. Pero Rob Bishop, presidente del Comité de Recursos Naturales de la Cámara, le envió una carta de sus observaciones del “Plan Fiscal Rosselló”. (Nadie confunda este plan con el de antes de las elecciones.)

La ciudad de Detroit sigue a la “Isla del Encanto” en bancarrotas más morrocotudas de Estados Unidos, y tiene similares coincidencias con las de Puerto Rico. Ejemplo práctico porque ambas ocurrieron dentro la misma jurisdicción federal.

De acuerdo al Washington Examiner (julio, 2013) hubo diez razones por las cuales la economía de Detroit se desplomó. La población disminuyó en un 60% en 60 años. En 1950 tenía 1.8 millones, bajó a 702,000 en 2010. Menos gente menos contribuciones, pero la administración gubernamental se mantuvo igual. Debido a la escasez de trabajo, la población emigró a otras ciudades. Los costos del gobierno no disminuyeron y menos gente llenó la ciudad. Detroit tenía $18 mil millones en deudas. Puerto Rico en diez años perdió 10% de su población; sobre 250,000 han emigrado después del paso del huracán María, con un déficit de $70,000 millones.

Los empleados públicos son parte de una maquinaria de elecciones. El fondo negativo de pensiones de Detroit era de $3 mil millones. Detroit tenía 12,000 empleados públicos, y disminuyeron las compensaciones. Pero aumentaban los salarios administrativos. Puerto Rico tiene sobre 150,000 empleados públicos. Dentro de la pelambrera del país se desembolsaron $113 millones (diciembre, 2017), para bonos navideños, $200 a jubilados y $600 a empleados. La Ley 7 de Luis Fortuño (marzo, 2009) eliminó a sobre 30,000 empleados públicos. El Partido Nuevo Progresista pagó el precio en las elecciones de 2012.

Por otro lado, los responsables de balancear el presupuesto del fondo de las pensiones se repartían las pocas migajas que quedaban. El gobernador de Michigan denunció que los empleados de la ciudad fueron a una conferencia a Hawái y gastaron $22,000. Dentro de una quiebra, el gobierno de Puerto Rico se da el lujo de pagar $250,000 al director de Seguridad, $248,000 a la secretaria de Educación, y $650,000 a la directora ejecutiva de la Junta. Aparte de los aumentos salariales a administradores de agencias públicas.

El alcalde Kwame Kilpatrick fue convicto de fraude: evasión de impuestos, extorción y contratos fraudulentos por más de $1 millón en lavado de dinero. Los servicios sociales básicos de la ciudad fueron abandonados por décadas; los semáforos no funcionaban y se encontraron más de 3,500 querellas de la población que nunca se resolvieron. En Puerto Rico, al parecer, le han echado tierra al muerto de Whitefish y al contrato de $300 millones. Y nadie responde a cientos de miles de quejas por falta de electricidad.

Si el fondo de pensiones estaba quebrado, es lógico que no había dinero para los aumentos de maestros, empleados públicos, bomberos… y policías. Exactamente, el crimen subió y Detroit fue una de las ciudades más peligrosas de la nación. Recientemente los periódicos de Puerto Rico reportan la falta de presencia policiaca en escenas de crímenes. En Detroit había 78,000 edificaciones abandonadas. En Puerto Rico calculan más de 20,000 vacías.

Hoy la economía de Puerto Rico es un desastre y el gobierno no da muestra de proyectos innovadores. Solo se avista el ¡Ay, Bendito! para adquirir fondos federales como única dependencia para levantar la devastadora condición fiscal. Los únicos que quizá podrían cambiar ese escenario son los electores. Transformando su manía de votar por partidos y políticos heredados, o ilusos. De no reformar la mentalidad colectiva del sufragio electoral para frenar todo lo arriba mencionado, Puerto Rico jamás se levantará, y podrían llegar peores catástrofes, independientemente de que llegue la estadidad o se quede como está.

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