Antonio Quiñones Calderón

Punto de vista

Por Antonio Quiñones Calderón
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La triple precariedad del Partido Popular

La triple precariedad del Partido Popular Democrático –de liderato, credibilidad e ideas– ha roto todos los récords imaginables. Vamos a ver esto examinando cada una de esas facetas, tan importantes cuando se está a la caza de respaldo público en una contienda electoral.

Enfrentado a su primera primaria para elegir a su nominado oficial a la gobernación, el liderato popular anda, como se dice comúnmente, loco y sin ideas. Desde la perspectiva de liderato, un importante sector de la base popular lucha denodadamente para impedir que la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, se salga con la suya –respaldada por los elementos más radicales del sector soberanista-socialista, que buscan cómo se las ingenian para colarse en la primaria– y logre la nominación a La Fortaleza. Si así ocurriera –aunque varias encuestas dicen lo contrario, la política es un dínamo que cambia de revolución constantemente–, el Partido Popular enfrentaría en la campaña la caricatura de la indigente conducción de los asuntos de la capital por parte de Cruz, a quien fácilmente se vería como proponiendo extender su desastre en San Juan a todo Puerto Rico. Aparte, desde luego, de su discurso de odio que, con tanta prepotencia exhibe, contra todos quienes osen llevarle la contraria. Eso, a pesar de su llamado (“no me dejen sola”) a las alianzas por que clama. Unas alianzas que están restringidas a “parar la estadidad”, más que a proponer propuestas de solución a los problemas sociales y económicos irresueltos.

De otro lado, la carambola, vía la traición del alcalde Charlie Delgado al senador José Nadal Power, que facilitó al exgobernador Aníbal Acevedo Vilá la nominación a la comisaría en Washington, agrava la preocupación de la base popular, como la de sus líderes, incluidos quienes encabezarían la papeleta popular y tendrían que soportar como su compañera la figura ya gastada de Acevedo Vilá. Aquí se fusiona la triple precariedad de liderato del PPD antes expuesta. ¿Qué ideas se le ha zafado al aspirante a la comisaría residente, que pueda tenerse en cuenta para decidir un solo voto a su favor? Bueno, una: insistir en descarrilar todo esfuerzo encaminado a la solución del problema colonial al que él mismo achacó su arresto y acusaciones por corrupción (“situaciones como esa”, dijo en 2008), al denunciar la “persecución” de la fiscalía federal en contra suya. Apenas unas horas previas a este escrito, lanzaba Acevedo Vilá otra de sus ideas: su incitación a la violencia y a la delincuencia (en medio de la acritud en que se bandea el debate político aquí), llamando a “robarse” o “pegarle fuego” a la papeleta para la propuesta votación “estadidad, sí o no” simultáneamente con la elección general.

Entonces, entra en escena otra faceta de la precariedad del popularismo. ¿Qué credibilidad puede tener una formación política que se canta “no ideológica”, cuando su presidente en funciones, Aníbal José Torres, enarbola como su misión principal “detener la estadidad”, para lo cual, ha dicho, “si hay que vender el alma al diablo, así lo vamos a hacer”. ¿A qué diablo vendería su alma el Partido Popular?

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