Mayté Bayolo Alonso

Punto de vista

Por Mayté Bayolo Alonso
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La última gota del abuso a los confinados

El 13 de marzo de 2015 esta servidora publicó una columna titulada “Confinamiento digno” en El Nuevo Día. En aquel entonces, levanté bandera ante el intento de arrebatarle el voto a personas confinadas en Puerto Rico. Hoy, a cuatro años de la publicación anterior, alerto nuevamente que los derechos humanos de las personas confinadas siguen en riesgo.

Hace unas semanas, las cárceles del país han estado en todos los periódicos de Puerto Rico. Ahora sí que estamos prestando atención. Prestamos atención por la situación incontrolable de violencia. Prestamos atención por muertes de oficiales correccionales y por el escándalo de dinero malversado. Cuando hablamos de las cárceles de nuestro país siempre obviamos hablar de su sentido principal de corrección y rehabilitación. Obviamos hablar de la persona que merece trato digno.

De pronto nos hablan del cuco del fentanilo como una explicación a las muertes “inexplicables” de confinados. Nadie habla del papel verde que se intercambia para poner una sábana alrededor del cuello de un humano, para con ella atarlo a la cama de metal clavada al piso y halarle de piernas hasta ocasionarle el asfixie—asfixie que no deja marcas—asfixie permitido por los guardias correccionales. Asfixie que se vende como crisis de fentanilo. Asfixie de supuesto estado de emergencia.

Pero el Departamento de Corrección lleva en estado de emergencia desde hace más de 30 años. Recordemos el caso de Morales Feliciano. El departamento del enderezamiento está doblado: una situación de esclavitud institucional a la cual los propios guardias correccionales pertenecen. Es una cultura a escondidas que se nutre del abuso y desbalance de poder, del encerramiento de todos los derechos humanos.

Sepamos, Puerto Rico, que a quienes tenemos enjaulados en esas cárceles son personas dignas de cuidado, de amor, de comida, de aseo, de relaciones personales. Tal como dijo el Gran Padre Fernando Picó, “el día menos pensado” nos toca a cualquiera. La manera que tratemos a nuestros más desventajados es un reflejo claro, un espejo, de la masa social, de nosotros mismos.

El proyecto del Senado 1314 propuesto por el presidente de ese cuerpo busca, a puertas cerradas, eliminarle la última gota de protección que le queda a la población correccional. Por medio del voto, la comunidad confinada puede ejercer su voz y garantizarse a sí mismos—ante el abandono de la sociedad y el gobierno— sus derechos básicos.

Puerto Rico, acabemos de entender esto: en materia de derechos humanos y civiles, no hay un otro, solo nosotros mismos. Mis derechos son los tuyos y los tuyos son los míos. Por medio de la garantía al voto de las personas confinadas, nos garantizamos nuestros propios derechos humanos.

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