Héctor J. Huyke

Tribuna Invitada

Por Héctor J. Huyke
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La Universidad sin su fórmula de financiación

¿Cuáles son las ganancias y las pérdidas a raíz de los recientes cambios fiscales al financiamiento de la universidad pública? Algo que tiende a pasarse por alto en la discusión de los planes recientemente aprobados es la fórmula de financiación pública. La Ley 2 de 1966 exigía que el gobierno destinara en forma estable una porción de los recaudos del estado a la Universidad de Puerto Rico (UPR). La porción aumentaría según aumentaran los recaudos, y lo que nunca llegó a ocurrir hasta recientemente, disminuirían según disminuyeran dichos recaudos. Se conoce comúnmente como la fórmula porque a fin de cuentas es un cálculo basado en los recaudos que constituyen el fondo general del gobierno. En décadas recientes, la fórmula sumaba al 9.6% de dicho fondo general.

Los planes fiscales de ahora no mencionan la fórmula. El término sustitutivo para ello es Total Central Government Appropriations. Lo que le sigue son cifras numéricas totales por año. Para el año fiscal 2023, por ejemplo, las llamadas apropiaciones para la UPR ascienden a $441,979,000. Podemos protestar porque dichas apropiaciones no suman a la mitad de lo que la fórmula hubiera provisto a mediados de la década actual. Pero esa pelea es chiquita en comparación a lo que quiero traerle al pueblo de Puerto Rico en esta columna. Lo importante es que, en los planes fiscales actuales, todo se nos presenta como si la fórmula jamás hubiera existido. Importante también es que esa expulsión del concepto estaba implícita en el discurso que trataba la fórmula como una especie de dádiva gubernamental, un subsidio, y no como inversión.

La expulsión del concepto de la fórmula abre las puertas para que la UPR tenga que periódicamente justificar el llamado subsidio ante la legislatura, como decimos, a raja tabla, en escenario extremo partiendo de base cero. Es lo que pasa en otras universidades estatales en los EE.UU. En nuestro caso, se abren las puertas para que la UPR, en aras de garantizar un presupuesto estable, tenga que entregarse al chantaje de cuanta intervención en los asuntos universitarios se le ocurra a la asamblea legislativa -mejor dicho, al partido político de turno. También invita a la ingenuidad de recintos particulares a tratar de ponerse primero en la fila de recintos mendigantes para reclamar para sí la mejor de las tajaditas ante legisladores de turno. No es difícil concluir que aquella fórmula encerraba gran parte de la poquita autonomía de que gozábamos los universitarios en este país.

Dejar en el pasado la fórmula tiene unos costos. Uno de los aspectos más esperanzadores de esta institución, ya a punto de venir a menos, es que esa dispensa que nos proveía la fórmula de tener que negociar a cada paso nuestra subsistencia, en manera muy especial potenciaba la libertad para pensar otro país, no solo otro Puerto Rico bajo la estadidad, bajo la independencia, o bajo el tipo de asociación que el lectorprefiera, sino sobre todo otro Puerto Rico ante sí, más noble y menos servil, más afirmador y orgulloso de sí no importa el destino. Alguna pleitesía le rendíamos a los partidos de turno, pero no tanta, y eso era un servicio esencial al país. Siempre fuimos retadores.

La UPR ha sido el principal espacio de cría, crítica y creatividad que ha estado presente en lo mejor que ha dado este país. En la actual guerra por el control fiscal de todo, demostremos nuestro total desacuerdo con el control político partidista de todo, lo que incluye nuestro total desacuerdo con echar a perder la libertad que venía con la estabilidad de una fórmula presupuestaria para la UPR.

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