Edwin Sierra González

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Por Edwin Sierra González
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La UPR con Rambo a la cabeza

En días recientes se ha nombrado, interinamente, al nuevo presidente de la Universidad de Puerto Rico, nuestro primer y más importante centro docente. Naturalmente, nuestra institución necesita estructura, sin embargo, la analogía, entiéndase, crear semejanza entre dos cosas distintas, de asumir el papel de “Rambo” siendo presidente de una institución educativa de primer orden debe mirarse más profundamente.

Quienes recuerden esta saga de acción, entre quienes me incluyo, sabemos que este personaje de ficción de los ochenta era un experto en técnicas de supervivencia y guerra de guerrillas, nada cercano a lo que se espera de un líder educativo.

El hecho de asimilarse a este personaje puede acarrear los mensajes equivocados en momentos en que el país necesita cordura, apertura a la disidencia, un diálogo abierto y deliberativo y, sobre todo, democracia efectiva y continua, no el ejercicio de cada cuatro años. Si por algo se recuerda a Rambo es por el uso excesivo de la fuerza y la violencia por obtener sus objetivos, a costa de lo que fuese.

Inclusive, el Libro Guinness, que registra hazañas o hechos en la historia, catalogó la tercera parte de esta saga como el más violento jamás hecho en 1990, ya que, en menos dos horas, sobre doscientos actos violentos y más de un centenar de víctimas  mortales fueron realizados y ejecutados, respectivamente.

Estamos conscientes de que el señor presidente, quien ejerce de manera interina, está muy lejos de semejantes acciones, pero esta es, por mucho, la figura menos deseada y la analogía menos apropiada para lo que debe representar el presidente de la institución.

Si su papel es servir a las luchas ideológicas de los partidos de mayoría que han hecho de la Universidad un campo de batalla para controlarla y administrarla a su antojo, sin importarle su bienestar, entonces la analogía es la correcta, pues la Universidad ha sido y es violentada por la política partidista, como tantas otras cosas en nuestro país.

La autoproclamación “ramboesca” en un país emocionalmente azotado por las malas prácticas de su gobierno, la violencia, el desempleo, la pobreza, la corrupción y, cómo no, el colonialismo, es innecesaria. Una universidad y los dirigentes, que se precien de serlo, están llamados al enaltecimiento de la educación, las artes, las ciencias, el diálogo, el análisis crítico, la ética y, sobre todo, la producción de conocimiento y formación de seres humanos capaces, íntegros y amantes de la verdad y la justicia.

Las figuras hostiles ya predominan en nuestro panorama político, con el consentimiento del voto fanático, como para que ahora “Rambo” dirija la Universidad que tanta gloria le ha dado al país y tantas generaciones ha transformado en su centenaria vida. La Universidad de Puerto Rico merece un hombre o una mujer de grandes éticas humanas y científicas, con visión de futuro y, sobre todo, servicio al País, no un especialista en guerra de guerrillas. Ejemplos de violencia ya tenemos bastantes y sobran.

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