Ethel Ríos Orlandi

Tribuna Invitada

Por Ethel Ríos Orlandi
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La UPR, la economía y los recortes desproporcionados

Una mirada sobria a la secuencia de recortes ejecutados y propuestos a las finanzas de la Universidad de Puerto Rico y al consecuente debilitamiento extremo de la centenaria institución, apunta hacia una acción valorativa aparentemente inexplicable.

Sectores diversos del país concurren en la desproporción de los recortes a la UPR. Reconocen, a la vez, que cualquier intento de levantar la fallida economía del país, pasa por una intensa incorporación de conocimiento en la formulación misma de las estrategias de desarrollo.

Traer inversiones sin planes de desarrollo a largo plazo, con sus indicadores de ejecución y protocolos de seguimiento, difícilmente producirá una economía próspera y sostenible. La situación límite en que nos encontramos no aguanta más improvisaciones ni atentados contra el futuro de las generaciones venideras, abandonando el país al vaivén de las fuerzas del mercado.

La improvisación tiene que sustituirse por decisiones informadas. Desde su quehacer específico la UPR ha sido y continúa siendo una sólida zapata, proveedora de conocimientos y de recursos para el desarrollo socioeconómico, cultural y humano del país.

Además de la excelente formación académica y profesional de sus egresados, y de los servicios especializados que le brinda al país, la UPR se distingue como un proveedor crucial de innovación, constructor de capacidades y de la base de conocimiento requerida para la anticipación de las necesidades de la sociedad, así como para la construcción prospectiva de potenciales escenarios de desarrollo. La UPR es la única institución en Puerto Rico con ese perfil.

La construcción de capacidades para el desarrollo requiere de personas con habilidad para producir, transferir e integrar conocimiento, para aprender nuevas destrezas y para innovar, en ambientes tecnológicos, culturales y organizacionales en rápida transformación. Los programas académicos de la UPR, muchos con acreditación profesional, le proveen a su estudiantado las habilidades y competencias prácticas e intelectuales para enfrentar, con éxito, los retos de estos escenarios cambiantes y para desarrollar nuestro sistema de producción de conocimiento.

En Puerto Rico, la UPR produce el 75% de los trabajos científicos, la mitad de ellos publicados en las revistas más prestigiosas de su campo. La calidad de su producción en áreas tales como las ciencias sociales, las humanidades y el Derecho goza de prestigio internacional. La UPR la única universidad de nuestro país que ha sido incluida en el índice Scimago para instituciones de investigación.

Si el quehacer de la UPR es tan importante para el desarrollo económico de nuestro país, ¿por qué, entonces, ese contundente ataque fiscal a nuestra universidad pública?

¿Será que las preguntas inherentes a la producción de conocimiento resultan impertinentes? ¿Será que molestan las indagaciones y el pensamiento crítico e innovador? ¿Será que incomoda el empeño por interrelacionar asuntos, en vez de estudiarlos en carriles que nunca se cruzan? ¿Será inaceptable ese insistente hábito de conectar el presente con el pasado y con el futuro previsible?

Más allá de intereses particulares, que bien podrían invocarse para entender el ataque a la Universidad, ¿será que los recortes operan como castigo colectivo al quehacer de la UPR?

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