Raúl A. Pérez Rivera

Tribuna Invitada

Por Raúl A. Pérez Rivera
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La UPR necesita a sus egresados

Afinales de la década de los setenta tuve la oportunidad de tomar un curso de ornitología en la Estación Biológica de la Universidad de Michigan (UMBS). Quedé asombrado por la cantidad de bosque en el lugar y un lago que quedaba virtualmente frente al área de dormitorios.

Cuando le pregunté a uno de los encargados cuántos acres tenía la estación me indicó que no sabía exactamente por qué le habían donado a la universidad unos terrenos que no habían sido contabilizados. Actualmente, la estación cuenta con unos 10,000 acres o 40 kilómetros cuadrados. Gran parte de estos terrenos fueron donados por los antiguos dueños o sus herederos.

Si usted visita la gran mayoría de las grandes universidades de los Estados Unidos, notará que la mayoría de los edificios llevan el nombre de una persona o una compañía. Esto corresponde a la persona o grupo que donó el dinero para la construcción de dichas facilidades. Sin lugar a dudas, la gran mayoría de las universidades en los Estados Unidos dependen de la ayuda económica que proveen filántropos y sus exalumnos.

Antiguamente, en Puerto Rico, las iglesias recibían lotes de terreno donde luego construían una iglesia. Muchos de estos donantes eran gente pobre, pero desprendidas.

Lamentablemente, este tipo de filantropía se ha perdido entre los puertorriqueños. Esto no es nuevo, o producto de la actual situación económica. Aunque tenemos un gran corazón para causas nobles, no vemos a la universidad como institución a la que debemos ayudar. Siempre hemos visto esto como una obligación del Gobierno.

A modo de ejemplo la siguiente historia amerita compartirse. A principios de la década de los noventa me llamó una persona desde la Administración Central de la Universidad de Puerto Rico (UPR), y se identificó como el encargado de conseguir fondos externos para la institución. Me preguntó si podía transferir a una cuenta de la Administración Central los fondos que se recibían para el Proyecto de la Paloma Sabanera, a modo de parear $1 millón que tenía ofrecido de un donante prospectivo. Le indiqué a la persona que no podía acceder a su solicitud.

Una semana después me visitaba un simpático norteamericano. Cuando le expliqué el proyecto y los logros que habíamos tenido el individuo quedó convencido de que había una gran oportunidad de obtener donativos para patrocinar los trabajos de investigación que se llevaban a cabo. A tales efectos me propuso que preparara una serie de propuestas, a tono con las necesidades del proyecto, y que de su parte él haría los arreglos para que pudiera presentarlas a donantes prospectivos. El experto examinó las propuestas y le hizo los cambios que creía pertinente.

Visitamos a diez exitosos empresarios de Puerto Rico, varios de estos exalumnos de la UPR. La excusa que presentó la mitad de estos fue que ya habían asignado el dinero que tenían presupuestado para proyectos parecidos. Nos sugirieron someter las propuestas el próximo año. Otros, prometieron ayudarnos y dicha ayuda nunca se materializó.

El donativo mayor fue costear los alimentos que consumían las palomas en un año. Esto eran tres sacos de granos compactados por mes que tenían un costo total de $15. El norteamericano no podía creer lo que había ocurrido y tiempo después, muy frustrado, renunció a su trabajo.

Este asunto no ha cambiado y la gran mayoría de los exalumnos pudientes, que pudieran donar dinero (sin tener que hacer un sacrificio), no lo hacen. De más está decir que la Universidad ha fracasado en los múltiples intentos de lograr mayor apoyo económico de sus exalumnos. Tal vez el que ha tenido algún éxito es el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) con sus excolegiales. Sin embargo, comparado con la gran mayoría de las universidades en los Estados Unidos, lo que reciben es insignificante.

Se acercan tiempos muy difíciles para la UPR. Ahora más que nunca, con los recortes presupuestarios que se avecinan, la Universidad necesita la ayuda de sus egresados. Este es el momento de ayudar la institución que le ha permitido ser un profesional exitoso y donde probablemente estudien sus hijos o sus nietos.

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