Héctor J. Huyke

Tribuna Invitada

Por Héctor J. Huyke
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La UPR se estanca con "nuevas administraciones"

Obviamente, la Universidad de Puerto Rico (UPR) le tiene que rendir cuentas al pueblo. Así lo entendemos las personas que laboramos día a día en este proyecto de país de centenaria historia. Sin embargo, con cada cambio de partido político en el gobierno, no es la calidad del servicio que la Universidad ha de rendir lo que está en juego, sino el control de la institución.

Y no es que se necesite arrebatar el control de la Universidad para hacerla rendir cuentas, pues una vez establecida, cada llamada “nueva administración” concentra sus fuerzas en no perder el control. La evidencia es la resistencia que todas las administraciones muestran a toda propuesta de autonomía y reforma desde el interior de la institución. Tampoco es cierto que el control sea conducente al cumplimiento de la misión. Actualmente, la misión se atiende casi accidentalmente, o en la medida en que el partido no pierda el control en el interior.

Justo antes de llegar a tomar el control, cada futura nueva administración identifica un banco de problemas a resolver: corrupción, escándalo, despilfarro, desacreditación, lo que sea, inclusive los reclamos estudiantiles vienen a ser un gran problema. A veces inflan los problemas, otras veces se los inventan, y en otras ocasiones los genera el partido político al mando justo antes de ocupar la Universidad. La meta del partido en el nuevo gobierno es que el pueblo entienda la necesidad de una total intervención. A los miembros de turno de la Junta de Gobierno, obligados por ley a dar continuidad a las iniciativas y proyectos de la Universidad, le hacen el trabajo imposible hasta que en su mayoría prefieran renunciar. Una alternativa extrema es despedirlos haciendo cambios al segmento de la Ley que corresponde a la Junta.

Mientras tanto, aquellos que están señalados a ser parte de la nueva administración, harán alarde de la estabilidad que traerán. Los miembros de “la pasada administración” como el presidente, rectores, decanos y hasta directores departamentales, si no han dejado ya el puesto vacante, vienen a no ser de confianza. Si no renuncian, los despiden. Y si no despiden a uno que otro, se las echan de no ser como el otro partido.

Si lográramos que los unos aceptaran estas acusaciones, nos dirían que los otros hacen lo mismo. Esto los pone a todos al descubierto. Lo que quieren es el control de la Universidad, y ahí siempre se quedan, patinando en el acto de mantener el control.

Entre universitarios, es todo un juego de adivinación y suspenso con rango de deporte especular quiénes han de salir triunfantes de sus oficinas para componer el equipo de total confianza que constituye la nueva administración.

En su afán de control, es inmenso el daño que se acumula con cada nueva administración. Me refiero al daño a la misión para con el pueblo de Puerto Rico. Muchas ilusiones también mueren con cada nueva administración. La tarea debería ser salir de toda nueva administración.

Si desde un plano más alto, el pueblo de Puerto Rico y los universitarios, sobre todo estos últimos, desde adentro, nos propusiéramos no dejar que “nuevas administraciones” asumieran el control, lo que implica que tampoco las viejas, pues se trata de la alternancia de un mismo afán; si se diera esa alianza en contra de tanto presunto salvador siempre de turno, y siempre partidario; si se diera una alianza que tuviera como fin rendir cuentas al pueblo de Puerto Rico, sería un paso en dirección a la reforma y a la autonomía en las que todas las partes insisten pero nunca hacen valer.

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