Raúl A. Pérez Rivera

Tribuna Invitada

Por Raúl A. Pérez Rivera
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La utilidad de las pruebas de ADN

Una célula de un humano se puede dividir esencialmente en dos componentes. Una parte central que se le llama el núcleo y una parte que rodea a este y se le denomina como el citoplasma. En el núcleo encontramos unas estructuras que cargan los genes y que se les llama cromosomas.

Tenemos 46 cromosomas, 23 de los cuales provienen de la parte materna y 23 de la paterna. Los genes, que encontramos en los cromosomas, son la unidad básica hereditaria y estos están constituidos por moléculas de ADN (DNA en inglés).  Los genes varían en tamaño desde unos cientos de bases de ADN hasta cerca de 2 millones de estas. Los científicos estiman que tenemos alrededor de 25,000 genes que dirigen virtualmente todo, desde el grosor, la textura y el color de nuestro pelo, para ofrecer un ejemplo sencillo.

En el citoplasma encontramos una serie de organelos que llevan a cabo las funciones vitales de la célula dirigidos por los genes que hay en el núcleo. Entre los organelos encontramos unos que se les llama mitocondrias, cuya función principal es producir la energía que necesita la célula. Estos tienen la peculiaridad de poseer su propio ADN. Otra peculiaridad es que heredamos las mitocondrias de la parte materna. El ADN nuclear tiene dos copias de este, mientras que el que hay en la mitocondria contiene de 100 a 1000 copias y es la razón por la cual en las investigaciones, es el que más se utiliza para ser estudiado.

Como nuestros órganos y tejidos están construidos por células, encontramos ADN, virtualmente en todo, como la piel, sangre, pelo, saliva, semen, etc.

¿Por qué se puede utilizar el ADN para atribuirlo a una persona? Aunque gran parte del ADN es igual en todos los humanos. Hay secciones en este que se les ha llamado minisatelites, que son únicas o específicas, para cada persona, como lo son las huellas digitales. A tales efectos, a las pruebas de ADN se les ha bautizado como “DNA fingerprinting”, cuya traducción al español es “huella de ADN”.

En la actualidad, estas pruebas son extremadamente confiables. Los científicos han desarrollado métodos en los que se pueden ampliar muestras muy pequeñas de ADN (ej. de una gota de sangre) y hasta “limpiarlas” si están contaminadas, y examinar las secciones especiales y únicas que tiene y determinar si pertenecen a un individuo en particular.

En el pasado hubo renuencia a utilizar pruebas de ADN en juicios para determinar la presencia o ausencia de un individuo en la escena de un crimen, particularmente, porque entre la comunidad científica había discrepancias en la metodología a utilizarse. Sin embargo, hoy esto se ha estandarizado y el proceso se ha convertido en uno rutinario de investigación. Así, se utilizan pruebas de ADN para determinar el origen étnico de una persona, la compatibilidad entre un donante y un receptor de órganos. También, para determinar el linaje de organismos, como caballos de carrera y para pruebas de paternidad, entre muchos otros usos.

A modo de ejemplo, utilizando pruebas de ADN se ha determinado, que la gran mayoría de los pájaros que se consideraban monógamos en realidad, no lo son. En el nido hay pichones que no pertenecen al macho de la pareja y que son el resultado de “relaciones extramaritales” por parte de las hembras. La utilidad de las pruebas de ADN no parece tener límites. Al presente, se están utilizando pruebas de ADN para diseñar tratamientos específicos para pacientes con algunos tipos de cáncer.

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