Fernando Cabanillas

Punto de vista

Por Fernando Cabanillas
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La valentía de Johnny Rullán

No todo el mundo estuvo de acuerdo con las posturas y opiniones, algunas de ellas sumamente tajantes, de Johnny, como le conocíamos cariñosamente. Pero creo que todos estamos de acuerdo en que es imposible acusarle de corrupto ni de desapasionado, neutral, cobarde, vago o deshonesto. 

Johnny decía lo que pensaba sin miedo a las repercusiones. Como buen salubrista, siempre fue ferviente propulsor de la prevención y del ejercicio. Irónicamente, en el 2006, subiendo el Monte Guilarte, en Adjuntas, sufrió una “caída tonta” como la describió él mismo, y ahí fue cuando se le diagnosticó el cáncer después de sostener lo que llamamos una “fractura patológica”. Eso significa que un trauma poco serio causa una fractura, como puede ocurrir cuando un tumor invade y debilita un hueso. Él aceptó con gran valentía su diagnóstico y su tratamiento, incluyendo dos trasplantes de células madre.

Johnny Rullán no dudaba ni pensaba dos veces antes de asumir posiciones fuertes, nunca neutrales. Fue férreo defensor del sistema de salud previamente implementado por el Dr. Arbona cuando este último fue nombrado en 1957 secretario de Salud por el gobernador Luis Muñoz Marín. Décadas después, el  “Plan Arbona” se sustituyó por la Reforma de Salud del Dr. Pedro Rosselló. Esto fue un asunto polarizante entre la clase médica y todavía es motivo de discusión.  

No intento narrar su carrera profesional como epidemiólogo, ni como secretario de Salud, posición que ocupó desde 2001-2004 y luego brevemente en 2008.  Eso lo pueden encontrar en los diarios. Hablaré de otros aspectos. 

A la edad de 53 años, exactamente en septiembre del 2006, a Johnny se le diagnosticó con mieloma múltiple, una enfermedad maligna que se origina en la medula ósea y frecuentemente invade los huesos y causa anemia y fallo renal. Muchas personalidades públicas prefieren esconder sus enfermedades, especialmente cuando son serias.  Pero no Johnny; el escogió enfrentar su enfermedad públicamente. 

En una ocasión, acabando de diagnosticarse su enfermedad, se regó el rumor que había muerto. Johnny Rullán nunca manifestó públicamente su molestia en cuanto a este incidente de tan mal gusto. Lo asimiló serenamente como acostumbran las grandes personalidades públicas. Vivió 13 años más con una buena calidad de vida hasta hace poco, cuando ya se acercaba el final.  Me imagino que ese incidente no le estuvo nada de gracioso porque pudo haber parafraseado a Mark Twain diciendo “los rumores de mi muerte han sido altamente exagerados”. No lo hizo y no fue porque carecía de buen humor. Por ejemplo, en defensa de la prevención, dijo en una ocasión: “una onza de prevención vale más que una libra de cura y que una tonelada de rehabilitación”. 

A pesar del ejercicio y de su dieta saludable, le dio cáncer. Luego de pasar por el trasplante de células madre comentó: “no tuve remedio que pasar por la libra de cura y la tonelada de rehabilitación”. 

Yo conocía a Johnny profesionalmente, solo a través de lo que se comentaba en los medios de prensa, pero luego tuve la oportunidad de conocerlo personalmente como vecino en mi condominio. Las frecuentes visitas de amistades a su apartamento cuando su enfermedad estaba muy avanzada reflejaban el cariño que muchos le tenían.  Fueron muy importantes para él los mensajes de respaldo durante su enfermedad. 

Tuve la fortuna de poder pasar a saludarlo socialmente en su habitación en el cuarto piso del Auxilio Mutuo justamente el día antes de él morir.  Ya lucía afectado, pero estaba totalmente racional. Todo lo que decía hacia sentido. Las últimas palabras que le escuché fueron: “Fernando, estoy terminando mi tercer libro”. Luego me dijo “cuídame a María”. María es su viuda. Él sabía a saciedad que le quedaba muy poco tiempo pero lo de terminar el libro no fue una locura provocada por la falta de oxígeno al cerebro. El libro lo estaba escribiendo junto con otra persona a quien él le narraba lo que quería escribir. ¿No es esto morir con las botas puestas? Johnny, espero que tu tercer libro salga pronto al mercado.  ¡Qué mejor tributo!

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