Vanessa Droz

Tribuna Invitada

Por Vanessa Droz
💬 0

La verdadera destrucción del Viejo San Juan

Es encomiable y de justicia la preocupación que han manifestado muchos buenos puertorriqueños y puertorriqueñas sobre el impacto en el Viejo San Juan (VSJ) de las manifestaciones para exigir la renuncia del gobernador, manifestaciones que han hecho que todos vuelvan a poner el ojo en nuestro tesoro histórico, arquitectónico y cultural más importante: una ciudad amurallada —llena de vida, con características muy especiales y diversas— que en 2021 cumple 500 años.

Se ha hablado del grafiti, de la extracción de adoquines (los colocados recientemente), de la destrucción de vitrinas, de los pequeños fuegos, del riesgo de hacerlos en una ciudad que todavía tiene líneas de gas. Muchas personas ya se han expresado en el sentido de que, a excepción del asunto del gas, lo demás es “peccata minuta” si se compara con la amplitud y profundidad de la corrupción, pillaje y desvergüenza que se han desvelado en las últimas semanas. Además, si el VSJ es tan peligroso, supongo que es razón adicional para que Rosselló al menos se retire de La Fortaleza. Las manifestaciones siempre van contra los reductos del poder y, mientras Rosselló proyecte que de algún modo “sigue en La Fortaleza”, allí será la expresión de rechazo.

Dicho esto, hay que puntualizar que la verdadera destrucción del VSJ viene desde hace años. Se ha estado fermentando por la ausencia de una postura proactiva del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) para velar por la ciudad, un ICP que ha endosado proyectos (o se ha hecho de la vista larga en otros) que atentan contra la zonificación porque alegadamente no tiene garra en ley para detenerlos.

La destrucción se ha estructurado por la Oficina de Permisos del Municipio de San Juan (OPMSJ), que otorga permisos que también atentan contra la zonificación y contra la que se supone sea la política pública de la alcaldesa; permisos que van en contra de ordenanzas del propio MSJ.

Una destrucción que se ha articulado por la lentitud de la Compañía de Turismo (CT) en regular los AirB&B, cuyo impacto está siendo devastador para el VSJ por el uso de un 25% de las unidades de vivienda; por la proliferación de hoteles clandestinos; porque ha reducido la oferta de alquiler a largo plazo; porque ha disminuido el poder adquisitivo de la comunidad, que es muy heterogénea, en determinados servicios; porque ha convertido al VSJ en un balneario para turistas; porque ha alterado la vida ciudadana que se supone que sea uno de los “atractivos” para el turismo.  

A esto podemos añadir los estragos del exceso de tránsito por las calles, el volumen de los ruidos que la Policía Municipal no sabe o no puede controlar, y la especulación desmedida con los bienes raíces.

Estas tres entidades, ¿acaso se unen para dar rondas para ver la ciudad y auscultar qué es lo que impacta la mirada del turista, la vida de los residentes, el desarrollo de los comercios? ¿Acaso les preocupan las montañas de basura que encuentra el visitante en su recorrido, las aceras recubiertas de grasa de los restaurantes, la peste producida por esa misma basura, las aceras malolientes y por las bullentes alcantarillas, además de los deambulantes con problemas de salud y un largo etcétera?

No hay plan para la ciudad. Lo que sí existe es una labor compartamentalizada, sin comunicación articulada entre las distintas entidades —municipales, gubernamentales, institucionales, civiles— que inciden en el Viejo San Juan.

¿Quién vela por la ciudad? ¿Habrá que sacar en andas el cadáver de don Ricardo y de otras figuras de hace décadas por las calles de la ciudad para que hagan ese trabajo? Todavía estamos a tiempo de salvar al Viejo San Juan de su verdadera destrucción.

Otras columnas de Vanessa Droz

💬Ver 0 comentarios