Noel Algarín Martínez
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“La verdad no es la verdad” y otras mentiras nada piadosas

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La mentira existe, pero no es cierta”, nos contaba hace ya más de 10 años un veterano artista gráfico a un grupo de periodistas en medio de una cena de madrugada tras una larga jornada laboral.

La frase nunca me abandonó y desde entonces quedó grabada en mi mente. Cobra especial relevancia en estos tiempos en los que la mentira parece gozar de una “credibilidad” pasmosa o, más bien, en los que cada vez parece haber más gente dispuesta a creer cualquier cosa sin cuestionarse nada, sin contrastar datos, sin tomar en cuenta la veracidad y credibilidad de la fuente o persona que origina la información. 

Por estos días recordé la aseveración luego que Rudy Giuliani, exalcalde de la ciudad de Nueva York y abogado del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijera en el reconocido programa de la cadena NBC,Meet the Press”, que “la verdad no es la verdad”, exabrupto que muy bien pudo provocar la envidia del fenecido Cantinflas

Al momento de su enredo, Giuliani trataba de explicar la razón por la que no quiere que Trump testifique ante el fiscal especial Robert Mueller. Este funcionario está a cargo de la investigación de la trama rusa, como se conoce la pesquisa del Negociado Federal Investigaciones (FBI) que busca comprobar la conexión entre el gobierno de Vladimir Putin y el entonces candidato republicano para desprestigiar a la candidata demócrata, Hillary Clinton, e influir en las elecciones estadounidenses de 2016. De hecho, en la entrevista y pese a que se han hecho públicos correos electrónicos que le contradicen, Giuliani hizo aseveraciones falsas sobre una reunión en el Trump Tower en Nueva York previo a las elecciones. En este encuentro, que está en el centro de la investigación, participaron Donald Trump, Jr., y una abogada con alegados vínculos en el Kremlin, entre otros. 

Las expresiones de Giuliani son un claro ejemplo de lo que ha sido una constante en la administración Trump con relación a la falta de rigurosidad y claridad, no solo del presidente, sino también de su entorno, al referirse a hechos y datos corroborables. Es lo que Kellyanne Conway, consejera del primer mandatario estadounidense, nombró como “hechos alternativos” en una entrevista de enero de 2017 (curiosamente también en el espacio de Meet the Press). En aquel momento, Conway intentaba defender al entonces portavoz de prensa de Casa Blanca, Sean Spicer, quien por orden de Trump aseguró ante los medios que la investidura del magnate y estrella de “reality shows” había sido la más concurrida en la historia.

La verdad, por supuesto era otra. La juramentación de Trump como presidente no atrajo a la mayor cantidad de personas en la historia. Pero, ante la imposibilidad de sostener la mentira, la consejera de Trump ripostó con la farsa de los “hechos alternativos”, algo que no es otra cosa que una nueva manera de nombrar una falsedad.

Expongo todo lo anterior, pues gracias a la tecnología y al crecimiento y penetración de las redes sociales, cada día es más fácil trabajar para normalizar la mentira. Cada día es más fácil menospreciar los hechos y abrazarse a las opiniones como verdad única, aunque sean aseveraciones huecas, sin espina dorsal, y fáciles de rebatir.

Llama la atención, por ejemplo, que Trump condene día tras día a la prensa (The New York Times y CNN a la cabeza) y la acuse de publicar noticias falsas o de contar verdades amañadas y distorsionadas sobre él. El presidente ha acuñado la frase “enemigos de la gente” y “fake news”, para referirse a los medios noticiosos que alega no son justos y balanceados a la hora de reportar sobre él y su administración.

Si bien es cierto que hay medios reconocidos y respetados que han fallado en la rigurosidad en el manejo de ciertas informaciones relacionadas al presidente y sus allegados, la realidad es que, a juzgar por sus acciones y expresiones, a Trump no le interesa tanto la verdad o una cobertura balanceada, sino que no se le cuestione. 

Más aún, para un presidente que no pierde oportunidad para acusar a los medios de publicar noticias falsas, resulta que nadie ha hecho más aseveraciones falsas que él. El pasado 1 de agosto, el diario The Washington Post publicaba una actualización de su base de datos de afirmaciones erróneas o falsas hechas por Trump desde que asumió la presidencia. Resulta que en 558 días en el poder, habían podido corroborar un total de 4,229 errores o falsedades. Esto arroja un promedio diario de 7.9 declaraciones con datos incorrectos o simplemente no verdaderas. 

Toda esta discusión plantea un desafío, no solo para los periodistas, sino para cualquier ciudadano que aspire vivir en una sociedad democrática, en la que el liderato de sus principales instituciones actúe con transparencia y honestidad.

En el caso de la prensa y los periodistas, es un recordatorio de lo importante de no confiarse y de cuestionar, contrastar y corroborar datos e informaciones para evitar añadir razones a quienes como Trump ya nos consideran “enemigos de la gente” y buscan minar nuestra credibilidad. Debemos, pues, estar por encima de las circunstancias y exigirnos más cada día. 

Para la gente, es clave no morder el anzuelo y propagar o contribuir a hacer que informaciones falsas se vuelvan virales. Muchas veces, cuando pregunto a alguna persona conocida por qué compartió en sus redes sociales una información que con un mínimo de juicio crítico y verificación hubiese descubierto que era falsa, muchas veces contesta que lo sacó del muro de algún conocido, razón suficiente para hacerla creíble ante sus ojos.

En cualquier caso, nos toca a todos, día tras día, separar el grano de la paja, ser rigurosos con la información que consumismos y compartimos. Evitar validar y propagar el mensaje de quienes en el nombre de la libertad de expresión o de sus intereses particulares, creen que sus opiniones valen más que los hechos y actúan y se expresan con total menosprecio de la verdad.

Sobre todo, recuerden que desde que el mundo es mundo, existe la mentira. Queda de nosotros recordar, como la frase que aprendí aquella noche de la que les contaba al inicio de este escrito, que el hecho de que exista no la hace cierta.

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