Mayra Montero

Punto de vista

Por Mayra Montero
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La vida imaginaria

En el afán de justificarse, el dilatado discurso de la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, no hizo más que empeorar las cosas.

Pudo haberse decantado por una alocución breve, contundente, sin tantos lugares comunes, ni tantas historias de bisabuelitos. Peor fue la insoportable triquiñuela escolar de obligar a la gente a repetir determinadas frases, como si fuesen menores de edad. “Repítanlo… Más alto que no lo oigo…Otra vez”. Y lo increíble es aquel puñado de incondicionales repetía. Qué fácil, qué trillado, qué insustancial todo.

No pudo desprenderse la alcaldesa de ese sentimiento de culpa de estar dejando a sus “fieles” enganchados, y tiró de la sensiblería, de un alegato patriótico contradictorio en esa mezcolanza en la que sigue inmersa y en la que abogará por la libre asociación, la doble ciudadanía, el control de los aeropuertos (cómo no), las medicinas gratis y, por supuesto, la auditoría de la deuda y la eliminación de la Junta Fiscal. Para ilustrar los beneficios de la auditoría, reveló que una vez, “auditando” a tiempo real su cuenta del banco, descubrió que la hija había usado su tarjeta de crédito para una "emergencia".

¿De verdad que había que oír todo eso para enterarse de que aspirará a la gobernación por el PPD?

No faltaron los apasionados halagos para un poderoso sindicato “yanqui”, precisamente el famoso sindicato cuyos principales líderes se han opuesto, por activa y por pasiva, a la eliminación de las leyes de cabotaje.

Donald Trump cogió su agüita, hay que darles carne a los amigos del otro lado del charco, tan imperiales como los enemigos, pero con mejor cara. 

Prometió eliminar “sueldazos y puestazos”. Erradicar la pobreza y la injusticia, y demostrar que el que canta es el gallo, “pero la que pone los huevos es la gallina”. 

De hecho, agotó el refranero, algo que siempre da un aire de campechanía al discurso. Soltó un carajo para proyectar indignación, llaneza, don de gentes.

Apuesto mis zapatos a que el numerito de la pancarta fue planificado. Entre la concurrencia, una mujer alzó una pancarta reclamándole algo a la alcaldesa, para que la alcaldesa pudiera presumir de comprensión hacia “la compañera”, resaltando que las buenas gentes de su partido, contrario a los del penepé, no abuchean a nadie. La de la pancarta se volvió a sentar. 

Por último, Carmen Yulín Cruz imploró varias veces que no la dejaran sola. “No me dejen sola, no me dejen sola”. A mí esa frase no me parece muy feminista. No me gusta que la oigan las niñas, ni los niños, ni los bomberos.

Por supuesto, no hubo alusión al sacrificio, a la soberanía, a la autosuficiencia alimentaria, al trabajo o a la austeridad. 

Nada que no fuera lo que siempre fue: un remanso de vida imaginaria.

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