Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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La volátil violencia en Puerto Rico

La escalada de violencia callejera en el nuevo año 2019 es un contundente indicativo de la incapacidad gubernamental de manejo de la seguridad social del país y del grave problema en que vivimos. No creamos el cuento de que los eventos de violencia no pueden prevenirse ni que el gobierno tiene las manos atadas. Aunque es difícil prevenir algunos, como el crimen de acecho, esto no significa que es imposible. Lo que pasa es que las estrategias de prevención tienen que ser otras y son mucho más complejas que un plan de cuatro años de gobierno político-partidista.

El plan político del PNP sobre la seguridad nunca estuvo claro y los nombramientos a puestos directivos, como el de Héctor Pesquera, fueron recibidos con profunda desconfianza que ha probado ser fundamentada. Su continua retórica de negación pública de los problemas internos de la agencia que dirige no ha contribuido a mejorar las cosas. Su prepotencia comunicativa cortante no ha aclarado ni solucionado nada ni siquiera dentro de la misma agencia. El continuo voto ciego e incondicional del gobernador Ricardo Rosselló a Pesquera tampoco ha tranquilizado al pueblo porque el crimen no solo no merma sino que amplifica sus manifestaciones violentas. 

Esto no es un asunto de percepción histérica de la gente. Es una realidad documentada por estadísticas, vídeos y testigos. Diga usted qué se siente salir a comprar pan y leche, y tener que pasar por una balacera callejera. En las pasadas horas hemos visto escenas de violencia callejera extraordinaria plagadas del uso de armas de alta potencia, así como de ejecuciones y persecuciones a plena luz del día. Las opiniones oficiales al gobierno indican que es violencia entre individuos, gangas o grupos pero no hacen reflexión alguna sobre la incapacidad estructural que tiene nuestra sociedad en el manejo de la criminalidad y violencia. Está probado que la justicia criminal que funciona aislada del análisis de las deficiencias macro sistémicas no funciona ni prospera. La futilidad de prevención de este tipo ha sido hartamente documentada por especialistas desde el siglo pasado. (Gil, 1996).

Los expertos en Criminología confirman que la incapacidad de control al crimen descompone cualquier sociedad en la que prevalece la desigualdad, la injusticia laboral, la debilidad educativa en valores y la trivialidad aceptada del discurso político oficialista. La gente se consuela diciendo que esto nada lo soluciona y que solo Dios puede salvarnos. Pero el discurso religioso tampoco cambia el estado de las cosas. 

El consuelo que da el conformismo a la normalización de la violencia es un ingrediente extremadamente negativo, posiblemente el peor, porque el pueblo se rinde dejando el campo abierto a los criminales. No es bueno que la gente diga que no acepta la violencia pero que ha aprendido a vivir con ella y que no puede hacer nada. La violencia es la solución disfuncional que algunos dan a profundos problemas sociales de pobreza material y moral pero cuando se descontrola deja de ser un síntoma reactivo para convertirse en sí misma en un grave problema central que afecta todas las esferas de vida de cualquier sociedad. Problemas así de complejos requieren soluciones profundas que tienen que ser articuladas y trabajadas desde perspectivas multisectoriales y transdisciplinarias. 

El gobierno, el PNP y el PPD han perdido su lucha contra el crimen en Puerto Rico. Es una sociedad insegura. Al que no le guste esta realidad que se apriete el ciño pues es la verdad cruda. De nada sirve atrincherarse en las casas y no salir a la calle pues el truhan entra en los hogares como si nada aun sabiendo que hay gente dentro.  La cantidad de rejas que la gente pone dentro de sus casas es anómala y ni con ello duerme tranquila. La temeridad de la violencia de chamacos delincuentes nacidos y criados en violencia es temeraria porque no conocen otra forma de vida y se las juegan frías. Saben que tienen una sentencia sobre sus cabezas. La cárcel o la tumba es su futuro seguro. ¿Cómo llegan a pensar que esa es la única forma de vida?

Debemos desaprender viejos paradigmas para emprender nuevas cosas. La política de la “mano dura” no funciona. Nuevos paradigmas son necesarios pero suponen que el pueblo debe exigir que los planes de prevención e intervención no se limiten a ofertas de elecciones cada cuatro años sino a contar con la continuidad de tiempo necesario para obtener resultados. La escuela es la agencia socializadora de mayor envergadura para tal proyecto. Debe aportar un currículo que enseñe valores sociales positivos y ofrezca conocimiento-experiencias de valor comunitario. 

Tenemos que matar el individualismo que nos está asesinando, tenemos que recuperar la decencia moral del viejo boricua. ¿Por qué nos cuesta tanto entender que la gente puede re-aprender el valor del respeto que solo se aprende cuando “el otro” vale la pena y es importante? ¿Qué nos cuesta atacar las causas de la volátil creciente violencia criminal en vez de seguir dorando la píldora?

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