Anamín Santiago

Tribuna Invitada

Por Anamín Santiago
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Lecciones con Shorty Castro

“Ir directo a la línea sin añadir nada para que funcione,” está entre las primeras enseñanzas que recibí de mi querido Shorty Castro en el mundo profesional. “Se va montando, línea, línea, línea y fua, viene el punch line”, añadía.

“Pero hay que memorizar, si no memorizan bien, me dañan el libreto”, insistía. Y si no se cumplía con el ritmo por ponernos a añadir algún “ay”, algún “eeeh” buscando una falsa naturalidad, miraba con cierta decepción, pero si se dañaba el ritmo y el efecto por inventar líneas explotaba como ciquitraque: “¡¡¡¿Para qué uno se levanta a las cinco de la madrugada a escribir un libreto si no lo van a hacer?!!! No voy a escribir nada, no vuelvo. ¡Dios mío!” Así empezó mi relación profesional y de amistad con Shorty Castro.

Iniciaba el 2001. Producto de una audición para conformar el elenco de  Amor en el caserío de Carlos Ferrari, producida por Luis Vigoreaux en su versión musical, entré al elenco de la comedia Enemigos Íntimos con Héctor Marcano y Luis Vigoreaux para Teleonce, hoy Univisión Puerto Rico. Salía martes y jueves.

El primer martes llegué primero que todo el mundo al canal. Entonces lo vi. Ya él llevaba rato allí. Me presenté y le informé que me tocaba el personaje de la manicurista. La comedia ocurría en una barbería. Luisito era el barbero y Marcano el cliente. Raulito Carbonell, Adrián García, Ángel Vázquez, Yadira Montalvo, Olga Rivera, Fresko Man daban vida a los personajes que entraban y salían. Bravo y afable a la vez, Shorty me ensayó en alto las líneas, de su libreto escrito a mano. La disposición al trabajo duro le caracterizaba, así como no menospreciar a comediantes jóvenes. Me dijo: “La manicurista quiere ser artista. Cada vez que salga con uno de sus inventos, trae algo diferente. Proponme. Eso es lo que he hecho toda la vida con Ramoneta Cienfuegos. Ramoneta nunca repitió un solo traje, ni zapatos, me los prestaban amistades, pregúntale a Carmen Andino (legendaria maquillista de Wapa TV), la sorpresa ayuda al chiste, también lo hago con el Conde París, nunca he repetido un cierre”.

Al trabajar con él en la obra teatral La Hamaca, tercera edición, sus exigencias eran más fuertes. “Aquí hemos triunfado por los libretos, la disciplina y los actores. Ahora hay mucho comediante vulgar, flojo, no conocen que lo sugerido es lo que funciona, tener oído. El locón (Vigoreaux) lo sabe”. Todos sabíamos que estaba vigilante de que en cada función brillara el más alto rendimiento artístico. Tenía a cargo el monólogo inicial de la noche. Ahí llevaba al máximo su técnica. Enlazaba pequeñas historias, creadas por él. El contenido era expresado en un ascenso hasta la línea final, que fungía como un golpe de gracia. Yo salía al final de la obra con Raulito. Así que tenía casi dos horas para escucharlo.

Todo el tiempo emitía alguna protesta. “Aquí han permitido que la farándula desaparezca. Cuando íbamos a los teatros de Nueva York las filas para comprar boleto daban vueltas a la cuadra, legal, legal, Anamín, legal”. Y me ilustraba “Anamín, lo primero que hice fue con los Happy Hills, eso es lo que soy, compositor y sonero. Lo de Tommy vino después. La muerte de Diplo dolió, pero me abrió camino a mí”. Y sobre Agrelot: “Era bueno, porque Agrelot era buen comediante, pero no se memorizaba los libretos como yo quería y para colmo se murió el día de mi cumpleaños (28 de enero 2004)”.

Luego, nos encontramos en una protesta. Los actores, guionistas, actrices, productores del Taller Dramático organizaron una marcha al Departamento del Trabajo y Recursos Humanos a reclamar fondos para poder seguir trabajando. Yo iba en solidaridad con el Colegio de Actores. Cartelones, megáfono, pero ¿y las consignas? Por supuesto, Shorty Castro venía apertrechao. Dominaba cualquier género chico de carácter popular. Me asignó consignar diz que por mi experiencia como piquetera. Yo nunca había dirigido consignas. No le dije nada. ¡Me asusté mucho, Shorty me confiaba su ingenio! Podía percatarse de que no tenía su oído musical. Me las ingenié. “Shorty, el sonero aquí eres tú. Así que tu diriges la consigna, yo te sostengo el megáfono y te dirijo el coro con los demás, pero por el megáfono”. Así caminamos juntos varias cuadras. Cada vez que hacía una mueca con su expresivo rostro me volvía a asustar. Gracias a Dios que era porque se lo estaba viviendo.

Con él se aprendía rápido. Todo lo hacía más sencillo. Así caminó bravo como siempre hasta el final. Se consiguieron los fondos. Y en esa misma línea. Fue al Capitolio cuando del Colegio de Actores lo invitamos a luchar contra aquél nefasto descuento a envejecientes para los espectáculos públicos que nos golpeó tanto y había dejado sin trabajo principalmente a nuestros artistas seniors. Esa lucha se ganó también. Su presencia fue crucial.

El año pasado fuimos a visitarlo una delegación de la Junta del Colegio. Estaba muy bien atendido por su familia. Le pedí que nos dijera en qué podemos ayudar. Su nieto contestó: “Dile a los artistas que vengan”. Él, más huraño que nunca, dijo “Que no vengan na’.” Intervine con gracia. Se relajó y empezó a hacer chistes. Ahí aproveché y le pregunté: “¿Por qué no quieres que los compañeros vengan?” “Porque lo que quiero es trabajar”. Cuando nos íbamos estaba durmiéndose, pero con su acostumbrada agudeza dijo: “Ves, por eso no quiero visitas, porque si es visita se va al rato”.

Antes de enfermarse, me tropezaba con él en los pasillos de WIPR como sucedía en Univisión. Además de llevar en el fruncido ceño algún reclamo social, político o de crítica al país, sacaba sin fallar otra herramienta práctica para su trabajo de comediante, compositor ycomunicador. Siempre ponía a prueba su nueva frase ingeniosa o probaba un chiste.

Yoyo Boing también lo hace. Es un recurso muy útil para quien se dedica al humor. Crear su propio material. Vivía tanto esa disciplina, que en el receso de una entrevista que Erick y yo le hicimos para el noticiario Bandera Cultura en Directo en WIPR, nos dijo sobre la actual deuda económica: “Enfrentarla con humor”. y Añadió, parafraseando a su personaje Don Bernabe: "¿Cuánto vale? ¡La compro! Naaa, que la pague otro que ya yo la pagué. Ja, ja".

Gracias, querido, te voy a extrañar.

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