Yolanda Cordero Nieves

Punto de vista

Por Yolanda Cordero Nieves
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Lecciones de María para el gobierno

Los gobiernos ponen a prueba su capacidad de respuesta a los problemas y necesidades de un país durante eventos extraordinarios, tales como desastres naturales, actos terroristas y epidemias.  Estos eventos extraordinarios desafían la capacidad de los gobernantes y administradores públicos para aquilatar las necesidades, y articular y ejecutar las acciones necesarias para devolver la estabilidad, la seguridad, la salud y el orden a un país.  La expectativa de los ciudadanos es que el gobierno y sus administradores públicos tomarán control de la situación extraordinaria de forma expedita.

Sin embargo, para tomar control de la situación de manera efectiva, además de una respuesta inmediata, deben ocurrir tres cosas, cada una de gran importancia para lograr el objetivo final de devolver la estabilidad al país. 

La primera es el “assessment” o valoración de lo ocurrido y su impacto en las áreas esenciales de la vida de las personas, tales como la salud, la seguridad, la vivienda, la alimentación, la educación y la movilidad, por mencionar algunas.  De forma simultánea con la respuesta inmediata, es indispensable que un grupo de funcionarios públicos reciba y analice la información que llega por todas las vías disponibles sobre lo sucedido y su efecto en las personas, la propiedad y el país.  Es decir, no todo el mundo puede estar entregando ayudas por los municipios, sino que es necesario que algunas personas estén dedicadas a levantar y corroborar datos que puedan dar una buena idea de la magnitud de los daños y las áreas de necesidad.

La información, convertida en conocimiento le permite al gobierno hacer un diagnóstico de las áreas de necesidad, determinar las prioridades y elaborar un plan de acción.  Un buen plan se va actualizando y ajustando, según surge nueva información. 

En esta segunda fase, los recolectores de datos mantienen al gobierno con los pies en tierra, y le permiten asignar y reasignar recursos donde hacen falta.  También permiten responder de forma más precisa a los ofrecimientos de ayuda de personas y gobiernos fuera del país que expresan su disponibilidad para ayudar.  Esto evita que personas bien intencionadas inunden el país de artículos innecesarios mientras escasean otros.  El plan de respuesta busca establecer una serie de acciones dirigidas a reducir o eliminar el daño o peligro a la salud, la seguridad y la vida de las personas a base de la información en poder del gobierno, en el menor tiempo posible.

Lo tercero que debe ocurrir es la ejecución del plan.  Esta es la parte visible de lo que hacen el gobierno y los administradores públicos.  Si estos han hecho un buen diagnóstico y plan de acción, y se mantienen analizando la información y haciendo los ajustes necesarios, es de esperar que el gobierno se perciba en control de la situación.  En una emergencia de gran fuerza y alcance, como la causada por el Huracán María, el tiempo que tiene el gobierno para realizar las actividades antes mencionadas es muy corto.  Por ello, la calidad del gabinete del gobernante es esencial pues no hay tiempo para aprender sobre los problemas y necesidades.

Es de esperar que ante un desastre como el causado por el huracán María, el gobierno inicie una serie de acciones para asegurar la vida y la propiedad de las personas, antes de contar con un plan.  De esta forma, se busca reducir el peligro de pérdida de vidas y propiedad.  Sin embargo, continuar operando en la modalidad de emergencia por más del tiempo necesario, sin assessment ni plan, puede crear otros problemas que agraven la situación que se busca controlar.

Las primeras tres semanas tras el paso del huracán María parecieron transcurrir en el frenesí de la respuesta de emergencia; repartir alimentos, cortar árboles y desembolsar ayuda económica a los damnificados.  Han llegado toneladas de artículos por aire y mar, y continuarán llegando gracias a la generosidad de puertorriqueños en el exterior, de amigos de Puerto Rico y de personas cuyo sentido de solidaridad solo les requiere ver a seres humanos en necesidad para ayudar. 

Mas parecería que el gobierno legislativo y ejecutivo, se han quedado fijados en la “ola” de entrega de ayudas, conferencias de prensa con poca información de valor y vuelos en helicóptero con congresistas y otras figuras públicas.  Parecería también que se olvidaron de comenzar a analizar los datos sobre el impacto del huracán que a duras penas llegan a través de las ondas radiales, a falta de una unidad de recopilación y análisis de datos, para trazar el plan de recuperación.  Más allá de la frase preferida “una catástrofe de grandes proporciones”, no parece haber datos disponibles para articular un plan que permita ahora una respuesta menos genérica y más adecuada a las necesidades particulares de las personas. Al no contar con datos confiables, entonces es necesario seguir paseando en helicóptero a los congresistas para que vean lo que no hemos sido capaces de medir y convertir en datos confiables.  Por esa falta de información es que personas como Donald Trump y el congresista Perry ponen en duda las dimensiones de la “catástrofe de grandes proporciones” que describe el gobierno.

Escribo esto desde la perspectiva de la administración pública, con el objetivo de crear conciencia en la necesidad de contar con mejores procedimientos de respuesta ante eventos extraordinarios que pongan en juego la vida y la propiedad de nuestro pueblo.  Estos procedimientos deben fijar responsabilidades a todas las personas que vivimos aquí: al gobierno, a las organizaciones del tercer sector, a la empresa privada y a la ciudadanía. 

Debemos estar mejor preparados para un próximo evento atmosférico y para ello es necesaria la articulación de un protocolo de respuesta a eventos catastróficos que establezca de forma clara lo que le corresponde hacer a cada quien y cuándo debe hacerlo.  Más importante aún, el mismo debe ser revisado y actualizado por lo menos cada dos años para atemperarlo a nueva información disponible y nuevos adelantos.

Un protocolo para el manejo de eventos catastróficos mínimamente debe considerar asuntos tales como: a) la descentralización permanente de recursos para responder adecuadamente desde las regiones, sin necesidad de enviar suministros desde San Juan; b) el establecimiento de un cuerpo de voluntarios por municipio, conformado por empleados estatales, municipales y ciudadanos bajo la dirección de los alcaldes; c) un consejo de agencias de respuesta rápida con representación en las regiones; d) un plan de distribución de bienes y servicios esenciales a través de regiones, distritos y municipios; e) un plan para el manejo y restablecimiento rápido de las telecomunicaciones que incluya canales y estaciones de emergencia que puedan operar antes, durante y después de la emergencia; y e) un consejo o alianza de entidades privadas vinculadas a los abastos de combustible, la transportación, la salud, la seguridad y la vivienda, entre otros.

Algunas de las lecciones que nos ha dejado María apuntan a que tenemos muchas áreas que mejorar. Por ejemplo, en el rediseño del gobierno tiene que haber espacio formal, no improvisado, para una coordinación efectiva con los diversos sectores de la sociedad y los gobiernos municipales.   Los grandes problemas demandan soluciones colectivas y le corresponde al gobierno utilizar su liderazgo de forma efectiva para articular los esfuerzos de todos los sectores en una misma dirección.  Confiamos en que las lecciones aprendidas se traducirán en un gobierno más efectivo y una ciudadanía mejor preparada para eventos futuros.



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