Ruth Merino

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Por Ruth Merino
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Legado

El doctor Stephen Hawking ha muerto, pero su presencia seguirá haciéndose notar en nuestro universo misterioso, cuyos secretos estudió con mente ágil y espíritu resuelto.

Durante décadas este físico británico nos asombró con sus hallazgos científicos y nos maravilló con su lucha por vivir, amar, trabajar, crear y aportar a nuestra comprensión del cosmos. Fue una batalla extraordinaria. Nacido en 1942, tenía apenas 22 años cuando le diagnosticaron una esclerosis lateral amiotrófica y le advirtieron que viviría quizás unos dos años más.

La enfermedad apagó su voz y le dejó apenas la capacidad para mover sus ojos y uno de sus dedos. Ya no abandonaría la silla de ruedas. Pero con el tiempo pudo hablar gracias a un sintetizador de voz. La ciencia médica, afortunadamente, no es exacta. Y, en su caso, se equivocó por completo. El joven estudiante graduado que había recibido una sentencia de muerte, se casó dos veces, tuvo tres hijos y vivió hasta los 76 años desafiando todos los amargos augurios.

Claramente su espíritu, su abrumadora inteligencia, su infinita curiosidad, su sentido del humor y su capacidad para amar fueron mucho más fuertes de lo que quizás él mismo podía predecir.

Su legado científico es extraordinario. Su cuerpo fue una cárcel cruel, pero su mente se caracterizó por su imaginación e intuición. En control de esas dos cualidades, Hawking viajó por el cosmos y descorrió algunos de sus secretos. Investigó, por ejemplo, los agujeros negros y aspiró a unificar las teorías de la relatividad y de la mecánica cuántica.

Diez millones de personas compraron su ¨Breve historia del tiempo, del Big Bang a los agujeros negros¨, publicada en 1988. ¿Cuántos realmente pudieron entender sus conceptos? Imposible saberlo, pero parte del encanto de este científico era que deseaba llegar a ese público que no es experto, pero aspira a por lo menos asomarse a este universo extraordinario en que vivimos y a comprender mejor nuestra relación con él.

Su legado como hombre valeroso y como científico se queda con nosotros como una luz cuyo brillo nos inspira.

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