Jaime Lluch

Tribuna Invitada

Por Jaime Lluch
💬 0

Legitimidad y legalidad

Variación en la orientación política de los movimientos nacionales y de los partidos nacionales de naciones sin estado es parte de uno de los grandes enigmas en el estudio de la política comparada del nacionalismo, el conflicto étnico, y las identidades políticas.

Los nacionalistas sub-estatales en el mundo real a menudo tienen un repertorio de posibles orientaciones políticas y estas pueden variar a través del tiempo. En 1991, los ucranianos y los ciudadanos de las repúblicas bálticas escogieron la independencia de la Unión Soviética, mientras que los ciudadanos de las repúblicas del Asia Central siguieron siendo baluartes del no-secesionismo. Los nacionalistas en Euskadi dentro de España, en el territorio Igbo de la Primera República en Nigeria, y el Quebec dentro de Canadá, históricamente han estado más inclinados al independentismo que los residentes de Catalunya, las tierras Yoruba, y Nunavut (Lluch 2014).

Por todo esto, es importante conocer mejor la variación interna dentro del nacionalismo sub-estatal, qué causa tal variación, y cómo evolucionan a través del tiempo tales orientaciones políticas.

Gran parte de mi vida en los últimos 20 años la he dedicado a la investigación de estas preguntas. Los avances teóricos, metodológicos y empíricos de esta labor se encuentran plasmada en dos libros: uno sobre política comparada (“Visions of Sovereignty”) y otro sobre derecho constitucional y política comparada (“Constitutionalism and the Politics of Accommodation in Multinational Democracies”) y unos cuantos artículos en revistas profesionales.

En los últimos seis años, me he interesado por la interacción entre grandes momentos constitucionales y el desarrollo de las orientaciones políticas dentro del nacionalismo sub-estatal.

Uno de los hallazgos más importantes de esta nueva agenda de investigación es cómo el choque entre poder constituyente y forma constitucional, o entre democracia y forma constitucional, o entre política y derecho, o entre legitimidad y legalidad, puede tener un efecto significativo sobre las orientaciones política sub-estatales. Para la versión completa del argumento, refiero el lector a un artículo mío en el Vol. 87, No. 1 (2018) de la “Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico”, pero aquí ensayo una versión minimalista. En Catalunya, en 2006 un nuevo Estatuto de Autonomía fue aprobado por el Parlamento autonómico, enmendado y finalmente aprobado por el Congreso de Diputados, y aprobado en referéndum por los ciudadanos. Ese Estatuto era una instancia importante de democracia, de poder constituyente, y de legitimidad. En 2010, el Tribunal Constitucional con mayoría conservadora interpretó la forma constitucional de 1978 y nulificó gran parte de los preceptos más importantes del nuevo Estatuto. Hay un consenso entre los analistas de casi todas las vertientes en que este choque entre legitimidad (2006) y legalidad (2010)fue el catalizador que inició el vertiginoso crecimiento del independentismo en esa sociedad.

Según el CEO, en 2006, 13.9% de la gente favorecía la soberanía mientras que en dos votaciones recientes cerca del 47.6% del electorado ha favorecido la orientación soberanista. Esto ha llevado también a la disolución de “Convergència i Unió”, la desaparición de Unió, la transformación de Convergència, el auge de “Esquerra Republicana de Catalunya”, las transmutaciones de los Comunes, el resurgimiento de Ciudadanos y la marginación del Partido Popular.

En Puerto Rico se ha dado este tipo de choque entre legitimidad y legalidad. En 2012, 54% de los que votaron afirmó que el Estado Libre Asociado realmente existente era inaceptable, restándole legitimidad al statu quo. En 2016-2018, Sánchez Valle, Verrilli, y Promesa han reafirmado la naturaleza colonial de la forma constitucional que padece Puerto Rico. Este choque entre legitimidad y legalidad ha llevado a las convulsiones internas de las diversas facciones dentro del PPD, impulsado candidaturas independientes y ha puesto presión sobre el liderato del Partido Nuevo Progresista.

Otras columnas de Jaime Lluch

viernes, 2 de noviembre de 2018

Brexit, Trump y Puerto Rico

El profesor Jaime Lluch argumenta sobre las tendencias actuales de políticos globalistas versus nacionalistas y la ausencia de posiciones claras al respecto en los partidos isleños

viernes, 5 de octubre de 2018

Kavanaugh: abuso del privilegio

Antes de ser nominada al Tribunal Supremo por Bill Clinton, Ruth Bader Ginsburg había sido fundadora del Proyecto de Derechos de la Mujer de la Sociedad Americana de Derecho Civiles: un dínamo en la litigación ante el Tribunal Supremo enfocada en remediar la discriminación por género.

💬Ver 0 comentarios