Gazir Sued

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Por Gazir Sued
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Ley 80

Quizá será en otro tiempo, tal vez tardío y siempre distante, que la razón al fin se atreva a sincerarse y su verdad se diga sin timideces ni remiendos. En lo inmediato, al parecer, los puertorriqueños seguiremos siendo la especie de primates idónea para continuar el gran experimento psicosocial del capitalismo colonial, ahora en su fase evolutiva más deshumanizante.

Inútil sería desempolvar viejos panfletos marxistas para explicar el estado de situación actual; e igualmente inútil sería despotricar contra los desmanes del neoliberalismo salvaje con meros estribillos socialistas. Pero lo cierto es que la isla entera se ha convertido en laboratorio experimental de poderosos plutócratas locales y extranjeros; y las personas que la habitamos hemos sido convertidas en objetos maleables a conveniencia, con fuerza de ley y sin reservas morales. A cada segmento de la población, a cada diferencia identitaria, a cada ilusión de singularidad existencial, le ha sido asignado su valor en dinero.

En el Estado laboratorio-colonial de Puerto Rico las desigualdades e iniquidades sociales se han normalizado y el sistema de dominación general funciona efectivamente. El experimento conductual ha sido exitoso. Las condiciones de vida se precarizan vertiginosamente y aún así se garantiza la servidumbre incondicional de las fuerzas productivas; y así la docilidad de los explotados; y así la resignación de los desposeídos; y así la mansedumbre de los empobrecidos…

La ley 80 es apenas un recurso legal-judicial para resguardar a empleados que han sido víctimas de discrímenes ilegales y despidos injustos e injustificados. ¿Qué necesidad tiene el gobierno para derogarla? Ninguna. ¿Qué provecho obtendría la ciudadanía trabajadora? Ninguno. ¿En qué se beneficiaría Puerto Rico si despojamos a sus trabajadores de herramientas legales para proteger sus derechos? En nada.

No es la derogación de una mísera ley lo que causa o debiera causar revuelo, sino el espíritu corrompido que pretende abolir sus principios justicieros; esa mentalidad mezquina que se obstina en anular de un plumazo la intensión legislativa de proteger a los trabajadores de las arbitrariedades y caprichos patronales.

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