Ana Medina Hernández

Punto de vista

Por Ana Medina Hernández
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Liderato en tiempos de pandemia

El 2020 se ha distinguido por ser un año de grandes retos para las organizaciones públicas y privadas. Inició con la incertidumbre de los temblores, los cuales amenazaron la seguridad en el entorno laboral y la continuidad de servicios. Luego, sucede una pandemia, que con su propagación veloz y alta letalidad, nos imbuyó en un ambiente de pánico apocalíptico. Para continuar con esta cadena de eventos calamitosos, surge una orden ejecutiva decretada por el gobierno la que nos obligaba a recluirnos en nuestros hogares y, asimismo, propuso a los patronos realizar el trabajo desde nuestras casas. En cuestión de horas, nos dimos cuenta de que muchas organizaciones no estaban preparadas para trabajar en esta modalidad. 

Entonces comenzó la segunda pandemia: la falta de comunicación y supervisión. No pasó una semana cuando “el llanto y el crujir de dientes” era la ley del día para muchos empleados. La falta de infraestructura tecnológica en algunos casos, el desconocimiento de las herramientas de comunicación sugeridas por la organización en otros, y la ausencia de un plan de trabajo para la continuidad en casi todos los escenarios eran los síntomas de esta nueva pandemia. No obstante, la queja mayor era la ausencia de los supervisores. Entre los afectados se escuchaba con frecuencia: ¿dónde está el jefe? ¿Cuál es el plan? ¿Hasta cuándo vamos a estar así? ¿Cómo les respondemos a nuestros clientes? ¿Qué les decimos a los suplidores? La falta de estructura y comunicación comenzó a erosionar la moral de los empleados y, como resultado, a poner en peligro las relaciones entre los compañeros. 

No todos sabemos trabajar remoto y, de igual manera, no todos saben supervisar de forma remota. Lo que hemos vivido en los pasados dos meses y medio es una prueba de fuego para las organizaciones y sus líderes. Los sentimientos de incertidumbre, los rumores, la falta de solidaridad y la empatía evidencian que los viejos problemas no desaparecen porque estamos trabajando de forma remota; por el contrario, se agudizan. Este es un síntoma letal para una organización ya que se necesitan líderes que fortalezcan la moral de su equipo para enfrentar los retos sin que esto signifique una mayor incertidumbre. Esta pandemia nos ha ayudado a derribar muchos mitos; pero también, nos ha revelado quiénes son los líderes de nuestras organizaciones. 

Entre los mitos derruidos está el que no se pueden ofrecer servicios de forma virtual o remota. Todo lo contrario, desde el mes de marzo han surgido nuevas maneras de atender tanto las necesidades de la clientela como de la misma organización. Hemos descubierto nuevas funciones y nuevas herramientas. El canon sagrado de las firmas digitales ha quedado derogado, en vista de que no es un sacrilegio presentar una carta o formulario con una firma digital.  Otro mito derribado es el que la gente no está dispuesta a aprender. Esto último es totalmente falso, puesto que hay muchos profesionales ofreciendo servicios a través de videoconferencia y servicios de consulta por chat. En el área educativa, hay muchos docentes que rebasaron el umbral del miedo a la tecnología y si no nos ajustamos, se nos convierten en los próximos influencers.  

Hay un viejo adagio que dice que, en tiempos de crisis, surgen los verdaderos líderes; es posible que sea cierto. Por eso es importante que aquellos que tienen el gran reto de administrar, supervisar y dirigir estén prestos a aprender, escuchar y delegar. La pandemia trajo muchos retos, pero también nos está brindando oportunidades para mejorar, innovar y fortalecer los espacios de trabajo. 

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