Carlos Dalmau Ramírez

Tribuna Invitada

Por Carlos Dalmau Ramírez
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Lin-Manuel, Hamilton y el saldo de Promesa

Corría el mes de abril del año 2016.  Lin-Manuel Miranda aparece en el programa Last Week Tonight, de John Oliver.  En su primera presentación, tras recibir el premio Pulitzer por Hamilton, Lin-Manuel habló de Puerto Rico.  En versos de hip-hop, le pidió al Congreso que aprobara un mecanismo legal para restructurar la deuda pública que nos hundía y proteger al pueblo de voraces acreedores.  La respuesta fue Promesa.   

Con Promesa, se nos impuso una junta antidemocrática que gobierna el presupuesto.  Este fue el precio a pagar para evitar el caos.  Se sabía que Promesa era una ley detestable, pero fue el único salvavidas que Washington estuvo dispuesto a ofrecer.   La alternativa era enfrentarse a una cascada de litigios que, sin el amparo de la ley de quiebras, amenazaba con ahogar a los puertorriqueños.  

Lin-Manuel, ante este cuadro, se unió al reclamo de acción urgente.  Barack Obama amarró los votos demócratas.   Paul Ryan alineó a los republicanos que faltaban.  El 9 de junio, la Cámara aprobó el proyecto (297 a 127).  Semanas después, el Senado votó a favor (68 a 30).  El presidente firmó PROMESA el 30 de junio de 2016.

Han pasado más de dos años desde aquel momento.  Quisiera pensar que, como a la mayoría de los puertorriqueños, a Lin-Manuel le molesta el rumbo de las cosas.  Que deplora los cuestionables acuerdos con bonistas y la timidez en el recorte de la deuda.  Que le choca la falta de progreso, la ausencia de resultados, mientras la Junta y el gobierno juegan a la lucha libre.  

Quisiera pensar que si hoy Lin-Manuel fuese a componer un “rap” para el Congreso, empezaría por pedir cuentas por el saldo de Promesa.  Con pragmatismo, exigiría cambios concretos de modo que se encamine la regeneración económica y política.  Promesa no es sostenible.   

¿Es posible que Washington actúe en 2019?  Sí, pero la ventana de oportunidad es estrecha.  Con una nueva mayoría demócrata en la Cámara, la agenda inmediata tiene que ser el despegue económico, el verdadero recorte de la deuda, poner en cintura a la Junta y  encaminar su eventual salida.  Tenemos amigos en la mayoría demócrata para lograr esto, pero no hay margen de error.   El mayor error del gobierno sería insistir en su agenda de estadidad ahora.  Irónicamente, esta agenda lleva a la parálisis y nos debilita en Washington.  

Próximamente, Lin-Manuel nos trae Hamilton a Puerto Rico.  El espectáculo dará mucho de que hablar.  Hablemos también del saldo de Promesa y de cómo cambiar las cosas.   De cómo superar las lógicas facciosas y el partidismo fanático, para dar paso a lo excelente y lo noble.  En estas deliberaciones,  hay que aprender de Alexander Hamilton.  Aprender, por ejemplo, que la buena política no se hace con habladurías y promesas vacías.  La buena política requiere elevar la vida de los ciudadanos con trabajo riguroso, acciones bien pensadas y resultados.  Y eso es precisamente lo que ha faltado en estos años de Promesa.

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